Los miedos de mamá


Me acuerdo de la primera vez que Esteban se enfermó. Amaneció con 38 de fiebre y en ese entonces todavía no sabía usar el termómetro de bebés. Se lo pasaba por la frente (es de esos ultra digitales) y salía 38 grados en rojo, después salía 37, y de nuevo 38... A las 5 de la madrugada me puse a ver un vídeo de YouTube para ver cómo funcionaba la bendita cosa. En efecto, Esteban tenía fiebre. Sus piecitos hirviendo me lo decían. A las 7am, ya a una hora decente y con la cabeza más despejada, le volví a tomar la temperatura (esta vez bien) y lo confirmé. Llamamos al doctor y nos dijo que vayamos a la clínica por emergencias para que lo atiendan rápido. Cuando escuché la palabra "emergencias" casi me muero. Me metí a la ducha y me puse a llorar. Mi esposo no quería ir a la clínica por una fiebre. Yo lo quería matar. La fiebre al final se debía a una infección urinaria, la tratamos con panadol y antibióticos y pasó.

Hoy recuerdo este episodio de histeria y nerviosismo y me da risa. Habiendo ya pasado por vacunas, sacadas de sangre, resfríos, alergias y una operación menor, siento que ya estoy en maternidad nivel PRO. Igual me asusto obviamente pero no al punto de no saber qué hacer y ponerme a llorar de miedo. Cada vez estoy más preparada.

Me pongo a pensar en qué cosas causaban en mí ese tipo de estrés antes de ser mamá. No se me ocurre ni una. Ninguna a este nivel. Será que ser mamá viene con su cuota de temores, los peores que existen.

Hoy que tengo un hijo completamente sano valoro esta salud como nada en el mundo. Las alergias todavía las estamos superando pero vamos por buen camino. Qué increíble cómo cambian nuestras prioridades. Ni me cuido tanto a mí misma. Yo sé que está mal, pero no puedo evitarlo.


Dicen que así siempre es con el primer hijo. Que uno se va relajando con el segundo y así también con el tercer y cuarto que prácticamente se crían solos (jajaja). Por ahora me toca vivir con mis miedos, algunos los aprendo a domar, otros existirán dentro mío por siempre. Así desde el día en que me convertí en mamá. La maternidad, me he dado cuenta, es una mezcla de felicidad y también de preocupaciones. Es normal, dicen. En efecto, mi vida ha cambiado.