La hora del cuento



Con #Matiboy tengo separada esta sección exclusiva para mi desde que es bebé. Amo leerle libros desde que nació. Fingir voces, crear historias, cambiar finales, conseguir su asombro y ver su carita de felicidad al terminar escuchándolo decir: lee más, mamita.

La hora del cuento es nuestro momento, único, viene luego del baño, ya en pijamita, con su leche lista para dormir. Siempre le he leído un libro pero ahora me pide 2. Por lo general cada uno escoge su libro. Por lo general desde que tiene 2 trato de escoger la lección del día, por ejemplo, si ese día no quiso comer le busco un libro que hable de lo buenos que son los alimentos, si en el parque jaló unas plantitas vemos un libro sobre cómo cuidar la naturaleza, y así. Mati siempre me escoge Peter Pan (antes pipipam) es su libro de cabecera, o un libro de los monitos que saltan en la cama, que al principio son 8 y luego no queda ninguno porque todos salieron golpeados ja, ja, ja.

Los cuento que tenemos son todos distintos, coleccionamos de todos sitios, tenemos de animales, de momentos por ejemplo cómo viajar en avión, de familias, en inglés, cuentos de historia pero escritos para niños como el Quijote. Hace poco conseguimos en la Feria de Libros el Arca de Noé versión para enanos. Una belleza. Busco mucho dibujo pero que también tengan texto, algunos, los que no tienen tanto texto también nos gustan porque nos permiten inventarnos historias.

Siempre los leemos en mi cama, con la luz de la lamparita, muy tenue pero se llega a ver bien. A veces leemos en su teepee (carpita) y jugamos a las sombras con su linterna. ¡¡¡Es un momento súper divertido!!!! Un par de veces le cuento las historias con proyector, su abu le juntó todos los cuentos de Disney y al final trajeron un proyector lindo, esas colecciones de los diarios, ¡buena!



Cuando terminamos el cuento empieza a lorearme como para quedarse conmigo forever y no dormir, es un momento hermoso, yo al propósito le repaso todo lo que hizo en el día desde que se levantó, para que me cuente y recuerde todas las cosas bonitas que le pasaron. La complicidad de contarme “una cosita” como me dice es demasiado para mi, las babas me llegan al piso.

Y así poco a poco la conversa va disminuyendo y nos dormimos abrazaditos, él pasa a su cuarto y bye bye hasta la mañana siguiente. No importa que tan cansada esté, cuán tarde haya llegado o lo que tenga que hacer, siempre hay tiempo para el cuento. Recuerdo un día que me iba de viaje por trabajo y casi pierdo el vuelo por irme a casa a leerle el cuento y dejarlo dormido.


¡Qué momento! Háganlo, se siente bien, es un momento especial y lo recordaran toda su vida.