¡Cuidado! Abuelos en casa



Fausto nació teniendo 3 abuelos: su Api, su Papapapá y su Mamachivi. Doy gracias por eso, un abuelo más y no hubiera podido soportarlo. No es que sean malos abuelos sino todo lo contrario, cada uno de los tres tiene su forma de ser, los tres se desviven por Fausto y a mi se me cae la baba de ver cuanto amor recibe mi hijo. Sin embargo, lidiar con ellos algunas veces me agobia.

Mi madre es de las abuelas que corrige, lo puede resondrar y si Fausto hace algún berrinche y se porta mal conmigo mi madre me defiende. Sin embargo, ya me rendí respecto a su costumbre de llegar con regalos para Fausto cada vez que viene a la casa. Fausto ya sabe que en su cartera hay juguetes para él. Le he dicho de buena y mala manera que no debe traerle regalos todo el tiempo, pero no me escucha. Es más, hasta ha sabido mentirme diciendo que no le ha traído nada y luego lo encuentro con un carrito nuevo jugando. Cada vez que le digo a Fausto que va a venir su Api el me dice: “regalo para bebé, coshitas para bebé”. No sé como explicarle a mi madre que el engreírlo de vez en cuando con algún regalo esta bien, pero lo que ella esta haciendo esta mal, muy mal. No me escucha o no me quiere escuchar.

Con mis suegros, el Papapapá y la Mamachivi es otra historia. Con ellos si hay que tener más cuidado. Ellos demuestras su amor engriéndolo y malcriándolo todo el tiempo. Si Fausto hace berrinche, golpea, bota la comida, grita o llora por llorar, sus abuelos lo celebran. Festejan cualquier cosa que haga, sea buena o mala. Si llegan cuando Fausto esta almorzando y por cosas de la vida Fausto no quiere comer, sus abuelos lo solucionan de la manera más fácil: lo sacan del asiento y listo. Si Fausto pide dulce, ellos se lo dan a escondidas. Es en esos momentos donde mi poca tolerancia sale a flote y me convierto en esa nuera que nadie quiere. Siempre termino siendo la bruja del grupo.

Cada vez que sus abuelos están en casa, debo explicarles que Fausto tiene un horario y que lamentablemente no puedo dejar que se acueste a las 10 de la noche solo porque sus ellos están en casa. Así que cada vez que están de visita, yo soy la malvada que encarcela a su hijo y lo priva del amor de sus abuelos. He aprendido a decirle a sus abuelos media hora antes de su hora de sueño, que ya es hora de irse a la cama, porque es esa media hora adicional que lo llenan de besos y abrazos y le empiezan a decir “que mala tu mamá que te lleva”.

Cuando están los 3 abuelos juntos tengo que aceptar que pierdo por abuso de fuerza. No puedo con los tres. Fausto termina alborotado, con energía en exceso, hace siesta a cualquier hora, come lo que se le antoja y se convierte en el amo y señor de todos en la casa. Al final del día cuando solo quedamos papá, mamá y bebé somos nosotros los que nos amanecemos con Fausto para hacerlo dormir.

Acepto que aún lucho para que sus abuelos entiendan que Fausto es una esponja que aprende todo y que esta en una etapa en donde quiero enseñarle lo bueno y no lo malo. Sin embargo, también sé que sus abuelos no están a su lado los siete días de la semana y entiendo que cuando están juntos quieren besarlo, apachurrarlo y decirle si a todo, así sea alguna acción incorrecta. He aprendido a entender lo que mi madre siempre me dice: “Yo a ti te crié y ahora estoy para malcriar a Fausto”. Es más, me ha advertido que es ella quien le va a enseñar a pintar en las paredes detrás del sofá, que ella le va a enseñar cómo romper jarrones con la pelota y que puede usar mi ropa como tela para recortar.


Es verdad, algunas veces reniego con sus abuelos porque no actúan como yo quisiera. No obstante, está bien que lo hagan a su manera. Aquí la loca, histérica y controladora soy yo. La vida solo me dio dos abuelos y ninguno de ellos se tiró al piso a jugar al caballito conmigo, ninguno fue capaz de darme tres mil besos en menos de un minuto como los hace su Api o la Mamachivi. No recuerdo que hayan jugado conmigo a hacerme volar como lo hace su Papapapá, ni mucho menos que se ofrecieran a cuidarme porque mamá tenía una fiesta, así que está bien. Está bien que lo quieran engreír más de la cuenta, está bien que celebren todos los quecos, está bien si le dan dulce a escondidas o si lo hacen jugar con el celular y el iPad. Al final los abuelos ya fueron padres y ya se estresaron, se preocuparon y se cansaron con nosotros. Ya acepté que cuando los abuelos llegan, tengo a más de un niño en casa.