Chau Lactancia


Pasó la semana mundial de la lactancia materna, y pasa que yo ando diciéndole chau a esa misma lactancia. Y hoy vengo a compartirlo, porque así como nadie te cuenta lo difícil que es empezar a dar de lactar, tampoco nadie te cuenta lo difícil que es decirle adiós.

Y no estoy hablando de la parte física de posibles mastitis, o ductos bloqueados. Nop. Felizmente no he tenido ese problema - precisamente por lo difícil que es decirle adiós.

Primero que todo, sucede que fue un chau por mezcla de decisión, como de indecisión. Es que la lactancia es como tu primer enamorado del colegio: juras que te casarás con él. Duraremos por siempre, o al menos por los dos años que recomienda la OMS (que ahora son 7, o sea que matrimonio sí o sí). Y está la presión del grupo: tener enamorado es chévere. Está in. Es lo mejor que puedes hacer por tu hijo. Es amor en su más pura expresión, totalmente desinteresado. Pero llega ese día en que prefieres salir con tus amigas, el chico es guapo, divertido, te hace sentir una princesa – pero tú no quieres ser una princesa ahorita, y esa tarde en la oficina, decides no sacarte leche. No porque no lo quieres, pero porque no necesitamos vernos todos los días y todo el día, ¿no?

Pero hasta acá paro la analogía porque una vez que empiece a hablar de la fórmula, vamos a parecer todas unas sacavuelteras :)

A lo que voy es que si llegué a los 11 meses (y aún contando) es porque dar de lactar ha sido de lo más lindo que he experimentado en esto tanto más lindo que es ser madre. Además de que una vez que tu producción se establece, es de lo más práctico. Pff voy a estar preparando maletas llenas de comida, botellas y fórmulas para mi hija antes de salir. ¡NADA! ¡Si la comida la llevo puesta!
Pero llegué a extrañar mi cuerpo.

Y luego me salteé esa sesión de sacada de leche en la oficina.

Y empezamos a introducir una botella de fórmula al día. Luego dos.

Y una noche, Mucita se despertó a la mitad de la noche… y yo no tenía suficiente.


De ese día es que estoy hablando. Quizá ya no me pesan las tetas luego de 12 horas sin sacarme leche, pero me pesa la consciencia de si estoy haciendo o no lo mejor para mi hija. Porque la OMS, la mami de Facebook y la vecina dicen que hay que dar de lactar por siempre. Decir chau es difícil, porque quieres pero no quieres, y por eso me estoy encargando de hacer de esta una despedida larga. 

Por ahora hemos acordado vernos dos veces al día, ser amigos… con beneficios.