Síntomas raros del embarazo



Siempre había escuchado de los síntomas del embarazo: náuseas, mareos, sueño extremo, fatiga, etc. En mi caso, tenía dos bebes en la panza pero ni una sola náusea. ¿Era eso posible? En todas las citas el doctor me preguntaba cómo me sentía. Mi respuesta siempre era la misma: “¿Doctor, me siento muy bien, está bien eso? ¿¿¿Qué fue de las náuseas de los mareos mañaneros y el asco a los olores???”. 

La respuesta del doctor fue realmente graciosa, y real. Pensaba que todas las mujeres estábamos completamente locas. Dijo que nadie podría entendernos ni con un manual de instrucciones. Hacía unos días una de sus pacientes rogaba porque se le fueran las náuseas y yo rogaba por sentir alguito de malestar. Pues, en mi tonta cabeza pensaba que si no tenía malestares algo podía estar mal. Creo que una vez más aquí se puede ver mi obsesión del control y de saber que para que todo esté bien, algo debe salir un poco mal al menos. Tonteras nada más.

Y volvieron los famosos “y si’s” que viven en mi cabeza junto con mi locura: ¿Y si no tener síntomas es síntoma de algo más?”. Ahora me acuerdo y de verdad que me doy risa… y algo de pena también. Una noche, más o menos cuando tenía ya unas 15 semanas (pasamos las 12 de rigor “según la gente”) y ya descartados algunas anomalías cromosómicas que siempre se hacen por rutina más que nada, empezó la rareza de mis “síntomas”.

Me despertaba con la mano izquierda adormecida y me costaba un poco que se me pase. Me paraba en plena madrugada a sacudir la mano y a levantar el brazo como zombie para que se me pase. Cada noche era un poco más difícil controlarlo, y me pasaba todas las noches, todos los días. Luego, empezó el hormigueo con algo de dolor, eso ya era más raro aún. Unas semanitas después ya no era solo el izquierdo, sino también el derecho. Y la gota que derramó el vaso con agua fue que ya no era solo de noche, sino también de ¡día! Pasaba mis días de panzona con las manos adormecidas. Empecé a asustarme, si me quedaba así de por vida, moría. Era demasiado frustrante no sentir los dedos de las manos (menos el meñique pero ¿¿¿ese de qué me servía???)
En una de mis madrugadas, una de esas en las que ya no soportaba el dolor y ya nada funcionaba: ni las compresas calientes, las frías, las sacudidas de mano y los ejercicios con el cuerpo entero, buscamos en internet: adormecimiento de manos en el embarazo y ¡ listo! Conocí al loquísimo e incomodísimo síndrome del túnel carpiano.
“El síndrome del túnel carpiano es una neuropatía periférica que ocurre cuando el nervio mediano, que abarca desde el antebrazo hasta la mano, se presiona o se atrapa dentro del túnel carpiano, a nivel de la muñeca. El nervio mediano controla las sensaciones de la parte anterior de los dedos de la mano (excepto el dedo meñique), así como los impulsos de algunos músculos pequeños en la mano que permiten que se muevan los dedos y el pulgar”.

Chino básico para mí, pero se entiende si lo lees unas cinco veces. Además, ¡ahí estaba! El ¡¡¡minúsculo meñique!!! ¡Era lo mío! Llamé a mi doctor para comentarle y me derivó con un médico general quien luego de una prueba de corrientes lo confirmó: “Tienes el síndrome del túnel carpiano moderado en el izquierdo y leve en el derecho. Cuando des a luz se te pasa“. Aún faltaba más de la mitad del embarazo y yo simplemente creía que llegaría al final sin manos (me las quería cortar literalmente).

Me compré mis férulas pero no ayudaban mucho, sólo me quedaba acostumbrarme a ese tan fastidioso hormigueo. Fue como si me dijeran “Querías síntomas, toma tus síntomas”. Y es que en el embarazo se pueden llegar a alterar muchísimas cosas y no solo son las náuseas los síntomas que se pueden dar. Hay otros menos frecuentes pero igual de pesados como el del túnel, que se da porque el cuerpo empieza a retener líquidos (en mi caso aunque no se me hincharon los pies ni manos retuve bastante) y eso hace que los  ligamentos se pongan más gorditos y al pasar por caminos estrechos (como el del maldito túnel) provoca hormigueo y dolor.

Luego, empezó otro síntoma. Un poco raro también, pero de eso hablaremos en un siguiente post. La buena noticia es que el doctor tenía razón: cuando nacieron los bebés, ¡adiós molestias!

Lección aprendida: no me quejaré ni pediré síntomas si me regalan un embarazo bonito.