Para las que hemos callado alguna vez


Una de las cosas que me gusta de vivir en una base militar es que puedo ir tranquila a trabajar sin tener que pensar que en el camino me toparé con acosadores o personas que me falten el respeto.  Pasar en bicicleta por un grupo de trabajadores que están a la mitad de  la pista ya no es una pesadilla, y menos aún llegar a mi trabajo donde solo estamos dos mujeres. Nos han dado tantas charlas acerca de acoso y violación de que sé muy bien lo que tengo que hacer, cómo responder y dónde reportar en caso la situación llegue a incomodarme. Es más, hay láminas por todas partes para recordármelo: en la oficina donde trabajo, el baño, el patio de comidas. Eso me da mucha confianza, pero mi esposo (para variar siempre tan dramático-real) me decía que tenga cuidado y no sea tan confiada pues si hay tantas charlas es porque es un gran problema dentro de la Army y de la sociedad.

Pues me llegó a pasar, y aunque no llegó a mayores, estoy muy feliz por la manera cómo reaccioné. Eran dos jóvenes -mucho menores que yo- que estaban en mi Unidad antes de graduarme, nunca les había hablado. Un día uno de ellos se me acercó y me dijo que le gustaba a su amigo, no sé con qué cara lo miré pero me controlé porque no había sido irrespetuoso ni nada, solo le dije: “tú sabes que soy casada ¿verdad?” Y justo nuestro instructor llegó y pensé que allí había terminado la cosa. Al otro día que teníamos prácticas en campo, fui al baño con mi compañera y ellos estaban a un costado. Cuando mi compañera entró a este baño portátil, el mismo individuo me llamó por mi apellido y comenzó con el mismo rollo otra vez de que si me gustaba su amigo y otras palabras que no entendí ni me interesó entender, y se fueron acercando a mí, obviamente me sentí incomodísima y súper molesta pero no pude decirle nada en ese momento, decidí que apenas haya la oportunidad hablaría con él. Y así pasó, les pregunté cuál era su problema, y al hacerse los desentendidos, les dije algo que cambió todo. Es una palabra mágica que la tengo siempre presente desde ese momento: “Los voy a REPORTAR en caso me vuelvan a molestar”, sus caras cambiaron y desde ese día no me dirigieron una palabra. Ahora estoy en otra División y no me he topado con este tipo de gente, pero me tranquiliza saber que sé lo que tengo que decir no solo cuando se trate de acoso sino para cualquier tipo de discriminación.

Todas estas charlas me han empoderado, antes hubiera pensado que es una exageración reportar este tipo de casos, pero ahora tengo muy presente que cualquier situación que nos haga sentir incómodas o con ganas de salir corriendo de ese lugar ya es acoso y con tan solo mencionar la palabra REPORTAR  es una forma de ahuyentar al enemigo. Ojalá hubiera este tipo de charlas a diestra y siniestra en nuestro país, en nuestra familia, la escuela, la universidad y así sentirnos seguras al poder decir: ”te denunciaré”. Para eso nos estamos uniendo ahora, para que estos desgraciados sepan que no estamos solas y si bien algunos jueces no hacen correctamente su trabajo estaremos nosotras unidas para que la ley se cumpla.

Finalmente, nuestro deber como padres es enseñar a nuestros niños a no callar y que tengan la suficiente confianza de contar a papá o mamá de que hay una persona que todos los días le ofrece un chocolate para que se siente en sus piernas, que nos digan que el esposo de su tía quiere darles un beso en la boca, o para que cuando tengan enamorado no tengan que hacer todo lo que él les pida ni soportar golpes al cuerpo y al alma callando una vez más.


Un fuerte abrazo  y les mando mucha esperanza a todas, especialmente a las que hemos callado alguna vez y con esta revolución llamada #niunamenos no lo haremos nunca más.