LOS PRIMEROS 1000 DÍAS


Existe una teoría apoyada por muchos pediatras que dice que los estímulos y nutrición que recibe el ser humano durante sus primeros mil días de vida son cruciales para su desarrollo futuro, tanto físico como emocional. Estos mil días comprenden las 40 semanas del embarazo más los 2 primeros años de vida.
En esta etapa es cuando se despiertan y tienen su mayor pico de desarrollo todas las capacidades futuras, algo que se puede apreciar en el crecimiento del cerebro. El peso del cerebro de un bebé recién nacido es de alrededor de 300 gramos. A los  tres años, su peso promedio es de 1.2 kilos, cuatro veces mayor. Teniendo en cuenta que el cerebro de un adulto pesa 1.4 kilos aproximadamente, podemos darnos cuenta de la oportunidad invalorable que tenemos en este momento para procurar que nuestros hijos tengan la base para desarrollar todo su potencial. Con la alimentación correcta no solo los protegemos de enfermedades futuras relacionadas con la nutrición, sino que le damos las bases para que alcancen todo su potencial neurológico, creativo, emocional, físico y de salud en general.
Esto no quiere decir que si nuestros niños ya pasaron esa etapa y no pusimos el énfasis que hubiéramos querido en su alimentación, ya hemos perdido la oportunidad irremediablemente. No es así. De hecho, el desarrollo del ser humano se da hasta el final de la adolescencia. El punto es que, si tenemos la opción, debemos darles lo mejor cuando podamos para asegurar que tengan todos los recursos para llegar tan lejos como quieran. Al darles la mejor alimentación posible durante los 1000 primeros días, les damos un impulso que puede ser decisivo más tarde.
DURANTE EL EMBARAZO. Recuerdo que lo primero que nos recomendó el ginecólogo cuando decidimos tener a Catalina fue tomar ácido fólico. Esta vitamina ayuda al crecimiento y desarrollo sano del bebé preparando el cuerpo de mamá incluso antes de la concepción. Por otro lado, es un mito que durante el embarazo la madre debe comer por 2. Lo ideal es mantener una dieta saludable que incluya carbohidratos como cereales y granos, 5 porciones de frutas y/o verduras cada día,  productos lácteos como yogurt, leche, queso, etc, y pescados con alto contenido de Omega 3. Entre las cosas que me recomendaron NO comer durante el embarazo están los embutidos, los pescados y mariscos crudos, y preparaciones que contengan huevo crudo o a medio cocinar.
LACTANCIA. Los pediatras recomiendan la lactancia exclusiva durante los primeros 6 meses de vida. Si tenemos la suerte de poder alimentar exclusivamente a nuestro bebé con leche materna, hagámoslo! No hay nada mejor que podamos darle en esta etapa. La leche materna contiene la mezcla de nutrientes, ácido graso y niveles altos de DHA que necesita cada bebé. De hecho, se adapta a sus necesidades. Hace poco leí un artículo de una mamá lactante que normalmente almacena leche. Una semana en que su bebé estaba resfriado, notó que la leche que se sacó para almacenar era evidentemente distinta a la que usualmente recolectaba, se notaba un tono más amarillo y el líquido más separado de los nutrientes. La naturaleza es sabia: la leche que producía el cuerpo de mamá era exactamente lo que necesitaba su bebé para superar el resfrío. Ahora, si no tenemos la suerte de poder dar de lactar, igual podemos compartir espacios y tiempos con el bebé, podemos hacer que la toma de leche sea especial y que tengan contacto: háblale, acarícialo y míralo. Recuerda que todos los estímulos que reciba son positivos para su desarrollo.
DE LOS 6 A LOS 12 MESES.  En esta etapa los niños empiezan a comer sólidos, es el cambio de la succión a la cuchara. Cada niño tiene su propio ritmo y capacidad. Con mi beba nos recomendaron que introdujéramos gradualmente un alimento por vez, y preparar la misma fruta o vegetal 2 ó 3 días seguidos, por un lado con el fin de observar que no haya reacciones alérgicas y por otro lado para que el bebé se acostumbre al nuevo sabor. Es importante ofrecerle todas las frutas y los vegetales que tenemos al alcance (una por vez al principio), esto ayuda a que en el futuro estén más dispuestos a comerlos. No es necesario incluir sal ni azúcar a las papillas puesto que las frutas y verduras tienen suficiente para cubrir las necesidades de los niños. Por otro lado las papilas gustativas se desarrollan hasta los 24 meses: si desde pequeños los acostumbramos a comer alto en sal o azúcar procesada, los acostumbraremos a necesitarla. Hace un tiempo escribí un post con varias opciones de papillas para bebés entre los 6 y 12 meses. Lo pueden ver aquí  
ENTRE 1 Y 2 AÑOS. Esta etapa es de descubrimientos. Ya puede comer de todo y es ideal que lo hagan para que adquieran hábitos saludables. Es importante que coman cada día alimentos altos en fibra, además de 2 porciones de vegetales crudos o cocidos, una porción de fruta, de 50 a 100 gr de carne, pollo o pescado, huevo duro o pasado, y complementar con lácteos como queso, yogurt o leche. Igualmente significativo es que se siente en la mesa con la familia por lo menos una vez al día, esto fortalece lazos y refuerza la autoestima. Por otro lado, aunque sea un poco caótico, es conveniente que en esta etapa los niños coman con las manos, esto les permite discriminar,  distinguir sabores, estimula la psicomotricidad y les da autonomía. Se puede hacer esto por ejemplo con una ensalada de verduras cocidas y picadas muy pequeño.
La etapa en que pueden empezar a comer alimentos alergénicos es relativa, todos los pediatras que hemos visto tanto aquí como en Estados Unidos varían respecto de cuándo es el mejor momento. Depende del historial familiar, del entorno y de las condiciones de cada niño.
Suerte con los 1000 días =)