Las curvas, siempre las curvas


Hasta el día en que nos volvemos madres, estas son las curvas que nos vuelven locas:



Que si pera, que si manzana o que si tabla para picar, esas curvas (y la mejor manera de delinearlas) nos han tenido varias horas de nuestras vidas frente al espejo y con nuestro clóset entero regado encima de la cama. ¿O no? Las benditas curvas.

Pero un día nos hicimos madres. Los cambios en nuestro cuerpo es cosa de todos los días y, no sé tú, pero yo, casi no tengo tiempo de verme al espejo (no te ha pasado que llegaste a la oficina, sin haberte visto más que una vez mientras te lavabas los dientes)? Pero las curvas nos persiguen, amiga. Ahí están. Y estas son peores:



OH POR DIOS si en el control del mes, Mucita bajó de percentil. Ya no se trata de que me comeré una manzana para reducir cintura. NO. Se trata de meter más papa al caldo para que mi pequeñita crezca. O si Perenjita está, por el contrario, muy por encima de la curva promedio. DOCTOR, ¡QUE MI HIJA! ¿Que tu hija qué?

Relajémonos.
¿Relajémonos?

Sucede que Mucita sí está por debajo en la curva. Sucede que poco más me dijeron que por si acaso, si no sabía, tengo que darle de comer a mi hija. Por ahí me dicen que me tranquilice, que estamos viendo una curva europea cuando ni yo ni mi esposo somos europeos. Que yo mido metro y medio, que qué esperaba. Otra corriente me dice que todos los niños hasta los dos años deberían crecer al mismo ritmo, sin importar genética o región. Mientras la doctora me dice que a este paso Mucita solo llegará al metro sesenta y dos (o sea, 10cm más alta que yo – 10cm? ALTAZA). Entonces ya no sé si hacerme paltas o empujarle una palta a mi hija.

Las curvas. Siempre las curvas.
¿Relajémonos?


Yo creo que sí. Mientras estemos seguras que hacemos lo mejor para nuestros peques, no dejemos que una curva nos malogre el día. ¡Relajémonos!