¿Qué piensa mi hijo de sí mismo y por qué?




¿Alguna vez te has preguntado qué piensa tu hijo de sí mismo? Seguro esperas que pueda ver todas las cualidades que tiene y se centre en ellas. Pero, ¿sabes cómo tu hijo formó estas ideas de sí mismo cuál es tu papel como madre o padre en esa formación?
Desde su nacimiento, los niños construyen ideas sobre el mundo y sobre sí mismos a través de sus cuidadores principales, y es por esto que estos cuidadores, usualmente mamá y papá, cumplen un rol muy importante en el auto-concepto de sus hijos.
 El primer contacto que un bebé tiene con el mundo e incluso consigo mismo es a través de los ojos de sus papás. Es a través de sus miradas, que papá y mamá le presentan al mundo y a sí mismos. Un bebé no sabe cómo es él mismo, no sabe si es un bebé gracioso, serio o malhumorado; y por supuesto tampoco sabe si eso es bueno o malo.  Un bebé no sabe distinguir entre una virtud o un defecto. Es por ello, que el bebé empezará a formar su auto-concepto con la información que reciba de sus papás. Con sus miradas, con sus palabras, con sus gestos, los papás le van haciendo saber a su bebé cómo es y así el bebé va formando su auto-concepto (cómo soy) y más adelante formará su auto-estima (cuánto me valoro). Lo que papá y mamá dicen, hacen e incluso  sienten sobre su hijo es tomado por él e incorporado como propio.
            Dos niños pueden llorar exactamente la misma cantidad de veces por día, pero uno podrá creer que es un niño demandante y el otro no. ¿Por qué? Pues porque su auto-concepto dependerá de lo que piensan y sienten sus papás y cuidadores y lo que ellos le transmiten al niño. Pongamos un ejemplo: cuando le decimos a un niño “eres un niño muy alegre” tiene una cualidad muy distinta a cuando se lo decimos a un adulto. El adulto entenderá que la persona que lo dijo está hablando de su opinión, lo que a él le parece, no una verdad consumada. En el caso de un niño, cuando uno de sus padres le dice eso no se siente como una opinión, no se siente como que podría haberse equivocado, el niño sentirá que en efecto es muy alegre. Además, no solo las palabras importan. Si papá está orgulloso y contento por optimismo de su hijo cuando le dice “eres un niño muy alegre” esta también transmitiéndole la alegría y orgullo que siente al tener un hijo alegre. El niño no solo sentirá que es alegre, también sentirá el orgullo y alegría de su papá, entenderá que ser alegre es una virtud y lo por tanto buscará serlo siempre.
            Sabiendo esto, como papás debemos entender que nuestras ideas y emociones sobre nuestros pequeños son muy importantes, ya que éstas influirán muchísimo en las ideas que ellos tengan sobre sí mismos. Entonces, ¿qué hacer para que mi hijo forme un auto-concepto positivo?
             
            Evita las palabras “nunca” y “siempre”. Cámbialas por “pocas veces” y “muchas veces”. Las típicas frases: “nunca obedece a la primera” o “siempre llora para conseguir lo que quiere” deberían ser: “pocas veces obedece a la primera y “muchas veces llora para conseguir lo que quiere”. ¿Y es que acaso se puedes ser tan categórico? Quizás a veces sí se pueda, pero no lo seas con tu hijo. Al decir “nunca” no das la oportunidad de que se porte diferente. Invita al cambio, más aun si se trata de un cambio para mejor. Por otro lado, el “nunca” y “siempre” suelen venir con una carga emocional fuerte, precisamente por lo tajante, si no las usas, le quitas esa carga emocional que cuando es negativa  no es beneficiosa. 
Céntrate en lo positivo. Debes centrarte en las virtudes de tu hijo, para que él también haga lo mismo. No tienes que negar sus defectos, pues nadie es perfecto. Pero no permitas que éstos sean lo único que veas.
Por algún motivo para los adultos nos es mucho más fácil identificar los malos comportamientos de los niños, esos los notamos en un segundo y muchas veces tenemos un comentario al respecto. Pero los buenos comportamientos, quizás porque es lo que estamos esperando, pasan casi desapercibidos y no siempre reciben un halago o al menos un comentario. Haz tu esfuerzo por cambiar eso. Tu hijo tuvo paciencia, esperó su turno, saludó bien a los invitados, pidió con modales o “sencillamente” no gritó; no dejes de decirle que eso estuvo muy bien. Este esfuerzo es para ti y para él, te recuerdan lo positivo y te ayudan a superar los momentos de cansancio y refuerzan sus comportamientos positivos.

Finalmente, la regla de oro (que has escuchado miles de veces), no dejes pasar un día sin hacerle saber a tu pequeño cuánto lo quieres y cuán importante es para ti. Tu cariño y tu respeto es de lo mejor que le puedes dar, esto será incorporado y llevado siempre con él.