La nostalgia de volver a trabajar después de la licencia por maternidad



Eran las 11 de la noche del último domingo de mi licencia por maternidad y #BabyEli comenzó a llorar desconsoladamente. La revisamos de pies a cabeza, y nada. Le di mi pecho, nada. Lloraba y lloraba. Le pase el huevo, nada. #PapáCaco y yo comenzamos a desesperarnos. Lloró por casi 40 minutos. En un último intento, papá Caco me la dio y la cargué. Le comencé a arrullar emitiendo el sonido “shhhhh” al oído. Se fue calmando poco a poco y solo quedaban soniditos leves de un llantito. Le seguí susurrando hasta que se quedó profundamente dormida. La tuve en mis brazos por 20 minutos y las lágrimas se me salían. Le pedí en ese instante a la Virgen que cuidara a mis cachorros. No sé si Eli presentía algo pero me partió el corazón.

A Mateo lo he ido preparando todo el tiempo. Él ya entiende mi trabajo. Todos los días me decía: ¿mamá, hoy vuelves a trabajar? Y le contaba que todavía no, pero que muy pronto mi licencia por maternidad se terminaría y volvería por la tarde.

Cuando Mateo nació mi licencia por maternidad duró casi 1 año. Tuve la suerte de contar con el apoyo de mi trabajo. Sin embargo, con mi Eli he tenido que volver al tiempo que corresponde. Son situaciones diferentes. Quisiera poder quedarme en casa. Es la verdad. Pero mi profesión me espera y el dinero no alcanza. Ahora son dos. No queda de otra que volver.

Mis ansias de casi una colegiala me despertaron a las 5am. Veo a mi nena dormir y se me caen las lágrimas. Me levantó antes de que suene el despertador y me cambio a oscuras. Eli se levanta entre gruñidos y llantitos. Me voy al baño y mentalmente me alisto para enfrentar este día. Miro como se ríe mi bebé y le digo a Papá Caco: No puedo, te juro que no puedo. Él me anima y me dice que si no salgo ahora de casa, no saldré nunca.

Todos me dicen que van a estar bien pero no dejo de pensar en ellos, no dejo de extrañarlos. Me hago mil preguntas. Me animo y me desanimo. Es casi una constante maternal. Solo me queda mi extractor que me recuerda mis largas horas de lactancia junto a mi pequeña bebé. Duele y mucho.

Pronto dolerá menos, hasta que el dolor se vuelva resignación y finalmente  se ve otro panorama. No les puedo decir que una se acostumbra porque siempre hay momentos que te pierdes cuando trabajas a tiempo completo. Tampoco les diré que todo es malo. Llegas a un punto que lo bueno y lo malo se unen y comienzas a ser tu misma. Todo cae por su propio peso.

Miro mis fotos del celular y me aguanto el llanto. Mi mantra es: Un día a la vez. La licencia por maternidad se acabó y mi trabajo (físico y mental) recién está por empezar.

Besos,