La gran noticia: Son dos



Luego de enterarme de que por fin sería mamá, me mandaron dos semanas a mi cama. Moverme lo menos posible y hacer reposo absoluto fueron las indicaciones. Estar así, a cualquiera aburre un poco. Pero basta con el simple hecho de pensar que tienes un corazón (o más) latiendo en tu panza para que todo, absolutamente todo, valga la pena.
Pasé esos días un poco nerviosa por el sangradito que tuve, el que confundí con regla los primeros días. Y a pesar que el doctor decía que todo estaba bien y que ese descanso era solo por precaución, yo me cuidaba el doble (sin saber aún que estaba doblemente embarazada). Trabajé desde mi casa y en los ratos libres empecé a pensar y volar hacia los miles de momentos lindos, y también difíciles, que iba a vivir los próximos meses, años… una vida nueva completamente.
Luego de esas semanas regresé a trabajar. Solo quería esperar el día de la próxima cita y poder verlos, y escucharlos por primera vez. Llegaron las 6 semanas de embarazo y estaba con el corazón a mil. Era el día de mi primera ecografía, día en que sabría cuántos corazones tenía adentro. Confieso que los días previos era una loca en potencia con miles de “y si???” en la cabeza: y si no late su corazón? y si no hay nada y solo fue una confusión? y si está en la trompa? y si no está implantado? y si… y si… y si… al final el día llegó y me acuerdo exactamente desde que abrí los ojos. Me vestí como si fuera a conocer al amor de mi vida, me pinté, me planché el pelo y me puse mi mejor perfume. Tenía la cita más importante de todas! Iba a conocer el amor de verdad.

Cuando llegué al consultorio me senté, le di la mano a Lalo y simplemente respiré hondo mil veces y conté hasta 100. “Alarcón, Maria Esther”,  me paré como un resorte y entré casi corriendo directo al ecógrafo. No podía esperar ni un minuto más. Me eché aun temblando de la emoción mezclada con nervios y justo cuando empecé a ver una bolsita negra en la pantalla el doctor me dice “anda al baño. Tu vejiga está llena y no se puede ver muy claro”, noooooooooooooooooooooo puede ser!!! dije por dentro. Me metí como cuete al baño y creo que hice la pila más larga de la historia. No terminaba de salir la condenada y yo ya quería verlo todo!

Escuchaba que afuera el doctor, el ecógrafo y mi esposo cuchicheaban algo que no se entendía. Bueno, me eché de nuevo y empezó todo. Varios minutos de silencio mientras examinaba mil cosas que yo ni sabía qué eran hasta que habló: “este es el bebé1… escucha su corazón”, un caballito galopante me decía hola a través de la pantalla. Empecé a llorar de la emoción, un latido que no era el mío estaba ahí! Lo podía ver, lo podía escuchar. Era tan real como yo.
Ni cuenta me di que me había dicho bebé1, solo escuchaba ese hermoso corazón palpitar y palpitar, no podía parar de llorar hasta que por fin entendí todo cuando dijo “ahora vamos a tu otro bebé”. Eran dos bebés! El segundo se escuchaba un poco más lejos pero solo era por la ubicación, todo estaba perfectamente bien y sus latidos fuertes, claros y con un ritmo excelente. Bebé1 y Bebé2 tenían corazones, el inicio de toda vida.

“SON DOS???”, dijimos Lalo y yo a la vez. Siempre creímos que esa era una posibilidad, pero al menos yo la creía muy lejana, igual él. Si habíamos luchado tanto por un bebé, era posible que Dios nos premie con dos??? Pues sí, la vida a veces es tan sorprendente que una vez más me enseñó que así como te quita, también te da mucho. De eso se trata el vivir, de no reclamar y solo esperar.

Fui al baño a cambiarme, sin poder quitarme la sonrisa de la boca, aun secándome las lágrimas entré al baño dando las gracias. Esas gracias que nunca jamás dejaré de dar cada día que me levante hasta el final de mis días.
“Ya sabíamos que eran dos incluso cuando entraste al baño. Las bolsitas estaban claramente colocadas, hasta el papá se dio cuenta y lo hablamos cuando te fuiste al baño. Además, te dije que yo pensaba que era más de un bebé”, me decía el doctor mientras yo trataba de caer en cuenta que tendría no un bebé, sino dos! No importaban si eran dos hombres, dos mujeres o uno de cada uno. Eran mis bebés sean lo que sean. Mi mente volaba y solo quería salir disparada, abrazar a Lalo y contarle a mi mamá y mis hermanas. A pesar que no les contaba mucho ellas sabían que esto era algo que hacía un tiempo buscaba.
Lo bueno recién empezaba. “Ahora sí, mientras más bebes, más cuidado así que a cuidarse al extremo”, me repetía una y otra vez el doctor. Y es por eso que llevé un embarazo “tranquilo”, dentro de todo. No me puedo quejar porque nauseas jamás, mareos y vómitos tampoco. A mí me tocaron cosas un poco extrañas que ya iré contando de a pocos. Y bueno, todo fue lindo hasta las últimas dos semanas que “la dulce espera” ya no fue nada dulce para ser sincera.
Nos fuimos a la casa sabiendo que sería complicado pero no imposible. Y comprobé que cuando uno desea con el corazón, todo lo demás (molestias, dolores y males) quedan atrás. Tenía apenas 6 semanas y ya los había conocido. No tenían forma alguna, pero sí tenían vida y eran míos. Mis hijos estaban empezando desde cero a crecer, a convertirse en personitas reales que pronto tomarían decisiones por ellos mismos.

Mis hijitos empezaban a crecer en mi panza, y esa fue la mejor sensación que he sentido y estoy segura que sentiré en mi vida. Yo los cuidaba y protegía. Vivían en el lugar más seguro que existe para ellos. Era simplemente magia. No cualquiera tiene tres corazones latiendo a la vez en un mismo cuerpo.