Eres grandiosa, mamá de UCI



Me enteré de una amiga cuya bebé está en Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) para recién nacidos. Pensé: “Dios, no… lo que debe estar pasando… “. Y, claro, decidí buscarla para darle todo mi apoyo.

Mi Rafael pasó 9 días en un lugar como ese. Mi caso no se compara en nada al suyo, ella la viene pasando mucho peor que yo hace 5 meses, pero siento que Dios permitió que yo viviera esa experiencia de manera intensa como para acoger el dolor de otras mamás que necesitan consuelo.

Sí, mamá que tienes a tu bebé en UCI: Sé que te parte el alma ver a tu bebito en una urna de plástico, lleno de tubitos, lejos de tus brazos. Está monitoreado, calientito, cuidado, pero le falta lo más importante: Tú. Y a ti te falta él. Y aunque hagas de mamá canguro, tu corazón se queda con un huequecito lleno de espinas, una por cada día que no pasas con él en casa.

Sé que sufres cuando oyes que nació un bebé y que está a punto de irse donde su mamá –sí, las enfermeras se cuentan todo y la sensibilidad no es precisamente lo que reina en ese lugar–.  ¿Cuánto más esperarás para no volver más ahí? ¿Para no oler más a alcohol y desinfectante? ¿Para escuchar que tu bebé está fuera de peligro y ya se puede ir, señora?

Pero todo pasa, todo pasa. Cuando el día de ir a casa llegue, comenzará una historia llena de alegría y, a la vez, de temor. No querrás volver nunca más, Dios, que no pase nada. No te preocupes: Sabrás hacerlo bien. Por algo eres su mamá. Y aunque todos te digan que ya pasó, y tú misma sientas que quieres borrar esos recuerdos de camillas, batas y mascarillas celestes, date un tiempo para procesar, para asimilar. Solo el tiempo cicatriza este tipo de heridas.

Y el tiempo pasará, y tu bebé crecerá y será hermoso. Nadie se acordará de lo que pasó, solo tú tendrás en tu corazón una caja llena de agradecimiento por el gordito risueño que tienes en tus brazos, y por la oportunidad que te dio Dios de demostrarle todo de lo que eres capaz por verlo sano y feliz.

Fuerza, campeona.