El primer mejor amigo


Yo recuerdo mi primera amiga, se llama Crisbet y era una niña de mi nido. Tenía como 4 años, creo que a esa edad empezábamos los nidos antes no? Ja, ja, ja ja; cuando veo fotos poco más y yo tenía 17 creo y ahora que lo veo a Mati tan chiquito con su uniforme me quedo pensando que deberíamos ser como los finlandeses y empezar a los 7.

Matías tiene 2 y medio y ya tiene un mejor amigo: Nico. La historia es linda y puedo compartir partecitas con ustedes para contarles lo importante que es tener un cómplice de aventuras desde tan chiquitos. Su mami y yo nos conocimos de casualidad en el parque cerca a casa, éramos vecinas sin saberlo. Nos vimos por ahí y ella jaló su mantita de parque hacia nosotros y empezamos hablar. Hicimos click al segundo, mientras ellos todo gorditos, en medias, comiendo cereal y dándose la espalda empezaron a jugar con los juguetes del otro.

Y es que nosotras las mamás tenemos esas ganas locas de hablar y hablar y mirarnos con complicidad para contarnos todo lo que estamos pasando en esta nueva vida de madres. “No come mucho y el tuyo?”, “cómo vas con el pañal?”, “y sabes en que nido estará?”, “ya duerme toda la noche” …, hay un sin fin de temas que te mueres por compartir con esa persona. Las mamás somos tan parecidas y tan distintas a la vez que se crea un mundo mágico. No te sientes sola, sabes que lo que te pasa le pasa a ella, a su hijo y al tuyo.

Ellos ya tienen 1 año y medio siendo amigos. Fueron creciendo aprendiendo a compartir sus juguetes, su cereal (porque nosotras somos medio parecidas en la crianza y alimentación sana jajaja), dieron los primeros pasitos juntos, se ayudaron a hablar y hasta entraron juntos al nido dándose fuerza para que la adaptación fuera más rápida.

Es increíble ver cómo desde tan chiquito un niño puede crear ese vínculo de amistad, diferente de un primo o hermano. Al hermano a veces le cae una bombita, al amigo, sin embargo, se le respeta. Recuerdo una vez que Nico se atoró con una galletita y Mati corrió a sacar su agua del bolso y se la dio, tenían año y medio a lo mucho. Y a veces veo en su amiguito la tristeza al despedirse de él cuando lo dejamos en casa luego de un playdate.


Los amigos están en las buenas y malas, se regalan cositas, se entienden, comparten aventuras, travesuras y enseñanzas. Y aunque tengan otros amigos saben que ellos son especiales. Así llegue el día de partir al colegio grande en el que cada uno irá probablemente a uno distinto,  el primer mejor amigo no se olvida.