¿Y si hacemos que nuestros peques “sean parte de”?




Todo el día mandoneamos: “Báñate”, “come toda tu comida”, “ponte los zapatos”… Somos el modo imperativo hecho persona. Lo hacemos porque sabemos lo que les conviene a nuestros hijos, claro está. Además, si no lo decimos nosotros, ¿quién más lo hará? ¿Quién más les enseñará qué está bien, qué está mal, que se debe hacer, cuáles son los límites?

Bien, pero ¿y si vamos más allá?: ¿Y si los hacemos parte de la dinámica familiar? ¿De las decisiones, de los hábitos, de las rutinas, de las costumbres?

Los niños de hoy no son como nosotras cuando éramos pequeñas. Ellos necesitan límites, sí, pero no se conforman con simples órdenes. Además, están rodeados de tantos estímulos externos que les caen como saetas, generando muchas veces miedo y confusión, que necesitan soporte, contención. Necesitan saber que tienen un lugar, SU lugar, el lugar donde encontrarán todo el amor que necesitan: SU familia.

Y en su familia, que se encuentran en su hogar, ellos no quieren ser solo los “mandados”. También buscan participar, sentirse “parte de”: por ejemplo, teniendo encargos. Mamá ordena la ropa, papá limpia los baños y Luisito pone las servilletas en la mesa.

Luisito, además, se baña a la hora que dice mamá porque luego hay que leer cuentos y dormir, para así levantarse temprano, porque al día siguiente hay que ir al nido, porque hay que salir temprano para que papá llegue a su trabajo puntualmente.

Como ven, no basta con un “hijo, ve a bañarte”. Por más chiquito que sea, el quiere sentirse parte del equipo, conocer las metas comunes, saber que de sus acciones también depende el éxito de la casa. Todo ello lo hace sentir importante, querido, aceptado, amado.


Esta idea tan sencilla pero importante la aprendí en una clase dada por Jaicy Bladin, psicóloga especialista en Disciplina Positiva. Sin duda, una mirada distinta en tiempos distintos.