Mamá por sorpresa


Recuerdo cómo me sudaban las manos y cómo no podía pensar en otra cosa que no sea "¿y ahora qué haré?"
Había visto la prueba de embarazo como 50 veces y seguía pensando que no lo estaba viendo bien. Tomé aire, llamé a mi hermana y le pedí que vea la prueba y me diga si era positivo o negativo.... cuando lo vio, me dijo lo que ya había visto pero que inconscientemente no lo quería aceptar. 
Pasaron 1, 2,3,4,5,6 minutos mientras pensaba en todo y a la vez en nada. Luego me senté en la cama y mi hermana también sorprendida, me preguntó: "¿Cómo le vas a decir a los papás?"
... Y es que me moría de nervios y de miedo. No podía pensar, ni siquiera en lo que yo sentía con esta gran noticia. 
Decidí ir inmediatamente a hacerme la prueba de sangre. Saqué las llaves del carro y me fui al laboratorio. Me dijeron que al día siguiente, en el transcurso de la mañana, saldrían los resultados. Llegué a mi casa y mi madre, tan bruja (nada se le escapa), me miró y me preguntó: "¿No te ha venido la regla, no hijita?" 
Con esas palabras... mi corazón a punto de estallar y con lágrimas en los ojos le conté que estaba embarazada. Luego le expliqué que tenía que esperar los resultados del laboratorio para confirmarlo. 

Yo estaba muy convencida de que no lo podíamos tener.
Esa noche, mi esposo, en ese entonces mi enamorado, fue a verme. Nos fuimos al parque para conversar... pero ninguno de los dos sabía por dónde empezar. Estábamos callados pero juntos en total silencio, pensando y re pensando todo lo que estaba pasando en ese mismo instante. Me acuerdo que lo miré y le dije muy asustada que no podíamos tenerlo, que no era el momento para ser padres. Él, mientras me agarraba de la mano, me dijo que me apoyaba en todo. Y que decida lo que decida, él siempre estará ahí. 
Cuando el resultado del laboratorio salió positivo, el alma se me salió aún más y me quedé completamente paralizada.
La señorita del laboratorio me felicitaba y yo solo lloraba y me repetía en silencio que esto no podía estar pasando. Mi madre se puso feliz pero cuando me vio confundida... solo me abrazó. Luego me dijo para ir a la ginecóloga a ver cómo estaba todo. Su apoyo incondicional me dio las fuerzas necesarias para continuar. Si no hubiera sido por ella y por mi hermana, todo hubiera sido mucho más difícil. 
Cuando llegamos a la ginecóloga, nos sentamos en la salita de espera y me acuerdo que le decía a mi hermana y a mi mamá que no lo quería tener. Tampoco lo quería ver y menos sentirlo. Estaba en negación absoluta, envuelta en el miedo, en el temor y sin poder ver más allá. La enfermera, me entregó unos trípticos con información del embarazo y de cada semana de gestación... los cuales no quería ni abrirlos. Las manos me sudaban y solo quería que todo eso fuera un sueño más. 
Cuando entré a la ginecóloga, le dije que no quería ver a mi bebé y recuerdo que hasta le pregunté cómo podía hacer para no tenerlo. Ella bastante calmada y amable, me pidió que me recueste en la camilla para que me pueda revisar. No se veían los latidos y el embrión estaba muy muy pequeño; así que, me pidió que regrese en una semana más para hacer otro chequeo y comprobar que todo esté bien. Porque en caso de que siga sin haber latidos, deberían de sacarlo.  
¡Teníamos una semana más para pensar en TODO! 
Tenía en mis manos información que me guiaría a continuar con el embarazo y también los datos de quien me podría ayudar a no tenerlo.
Todos los días escribía por qué si y por qué no. Hasta recurrí a una coach para que me ayude. No estaba segura de qué hacer, de cómo reaccionar, de cómo avanzar o de cómo desaparecer. Lo cierto es que la coach me ayudó muchísimo: me contó dos historias parecidas a la mía, una que si tuvo al bebé y otra que no. Me dio sus números (con la autorización de cada una) para que las llame y conversemos. 
Decidí llamar primero a la que no lo tuvo. Conversamos por lo menos 20 minutos... me contó su historia, me contó por qué había decidido no tenerlo, me contó cómo se sentía ahora y cual era su realidad. Luego me pidió que le cuente la mia. Terminé la llamada tranquila y con un panorama más claro de la situación: ahora estaba dudando en sí tenerlo. 
Dos días antes de volver al chequeo con la ginecóloga decidí llamar a la que si tuvo al bebé. Me acuerdo que temblaba mientras marcaba su número y cuando me contestaron, escuché la voz de la chiquita... y casi me muero de un infarto. Solo pensaba en colgar. Pero no lo hice y me quedé ahí dispuesta a escuchar. Felizmente no colgué... porque me encantó, me sorprendió, me dio ilusión y tranquilidad hablar con ella. No me cambió el hecho de pensar que no estaba preparada para ser mamá pero si agregó más granitos a mis dudas, pues ahora sentía mas ganas de lanzarme a la piscina con ese reto, con ese embarazo. 
"¡Si está latiendo. Esta vivo! ¿Son pro vida?" - nos preguntó la ginecóloga
Los dos agarrados de la mano sin mirarnos, le respondimos a una voz: "Si...".
No necesitamos ponernos de acuerdo y ni siquiera mirarnos para responder esa GRAN pregunta.
Iker ya estaba ahí, vivo, esperando que lo aceptemos y lo cuidemos. 
Salimos agarrados de la mano, felices, con una sonrisa de oreja a oreja pero con un miedo de aquí hasta el cielo. No sabíamos nada sobre ser padres... no sabíamos cómo haríamos para criarlo... no sabíamos cómo daríamos la noticia. Pero eso no nos quitó las ganas de celebrar que habíamos decidido ser padres. 
Una mamá por sorpresa es todo esto: La que asume el reto, el miedo, la felicidad, la ansiedad. La que se amarra el pelo y dice mientras suspira"Lo voy hacer".
Una mamá por sorpresa es aquella que a pesar de sentirse bien con la decisión tomada, también sigue sintiendo miedo y también se incomoda... porque los retos incomodan y porque salir de tu zona de confort incomoda. Pero no significa que lo estés haciendo mal o que estés por el mal camino. La incomodidad y el miedo son motores necesarios para llegar a donde estamos y con eso es que ahora soy la mamá de Iker, un niñito de tan solo 20 meses. 
¡20 meses de retos diarios! ¡20 meses de ser una mami por sorpresa y de seguir sorprendiéndome con todo lo que mi puku puku me enseña!