La vida con niños y un perro en casa


Mi collie vivió casi 13 años, por esas cosas de la vida, ya casada y mudada me regalaron una cocker de 1 mes y medio, deliciosa, la amé desde que la vi, al mes mi collie adorada nos dejó. Cómo es Dios no? Desde ahí llenó mi vida. Mi esposo no es de perros (ni gatos, ni tortugas, ni conejos ni de nada que se mueva y haga ruidos), pero la quiso también. Creo que la engreí demasiado, recuerdo que en esa época tenía una tienda de ropa y la llevaba envuelta en una mantita cual bebé jajajaja. Hasta hoy se cree humana, bien bala me salió.
Un día llegué y no le hice mucho caso, regresaba con Matías en brazos con 3 días de nacido, la encerré, no quería ni que se acerque al principio. Tenía miedo de pensar que podía tener celos. Así pasaron semanas en que la aislaba de él, según yo, tratada de cuidarlo de alergias o de esos bichitos que los perros tienen que traen del parque.
Al mes, 1 día al salir del baño la vi cómo se acercaba a Mati, me quedé mirando … total … es un animalito no? Siempre hay que observar. Se trepó en 2 patitas a los pies de su pack & play y lo empezó a oler. Lo miraba con amor, con ternura, con ojos de ya haberlo conocido mucho antes, desde la pancita. Y sí, ella dormía conmigo estando Mati en mi panza.
Era invierno, ella se acurrucaba, sentía sus latidos, ella ponía su patita en mi barriga y él pateaba. Era una linda conexión. Pero yo los separé sin darme cuenta … eso a ella le dolió, fue un cambio muy brusco y no me di cuenta. Ese día al ver cómo lo miraba desde los pies de la cuna me di cuenta lo que había pasado y empecé a cambiar la situación.
Gia creció con Mati, hoy casi 2 años y medio después, puedo decir que fue super lindo poder tener a Gia en casa. Mati es feliz con ella, no puedo negar que de cuando en cuando la trata como Elvira o le cae algún juguete pero es hermoso ver cómo él comparte su comida con ella, cómo me acompaña a sacarla a pasear, es a la primera que busca cuando llega del nido, se pone loco cuando se la llevan mucho tiempo a bañar y no la traen temprano, la abraza, la cuida y juegan escondidas.
Realmente una mascota, en general, hace que un niño crezca más feliz, le da más seguridad y le enseña lo que es tener un amigo para toda la vida. Es cierto que nuestras mascotas deben tener un control estricto con el veterinario en cuanto a sus vacunas, baños, antipulgas y todo eso. Pero el tenerlos juntos en el día a día los hace tener menos alergias, los vuelve más ranger y crecen acompañados. Particularmente y por experiencia puedo decirles que si está en lo posible tener una mascota con un niño, siempre que tengan apoyo en casa (para poder limpiar y cuidar a la mascota cuando tu no puedas hacerlo), se los mega recomiendo!
Sus hijos crecerán felices con su primer mejor amigo.



Foto: Gia & Mati (7 meses en la pancita)