La crisis de los 4 meses



Habían pasado cuatro meses desde que Esteban llegó al mundo, una madrugada entre sudor, dolor y gritos nació, con los brazos y las piernas gorditas, propios de un bebé de 3,7kg. Ese día y las siguientes semanas pensé haber conocido el verdadero significado de “estar cansada”. Esteban no diferenciaba entre el día y la noche, siempre quería teta y no me dejaba sola ni un minuto. Esos días pensaba y me reía de las veces que me había quejado de estar cansada o cuando había escuchado a alguien sin hijos lamentarse de que el día anterior había estado chambeando como mula o que se había juergueado hasta el amanecer, y que estaba “cansado”. Yo me reía. -Intenta amanecerte todos los días por cuatro meses seguidos- de ahora en adelante les diría. Trata de despertarte en las madrugadas cada dos o tres horas y ver salir el sol sin siquiera haber descansado lo suficiente como para pensar claramente.

Sí, pensaba que sabía qué era estar cansada. ¡Pero qué equivocada estaba! El día que Esteban cumplió cuatro meses comenzó mi verdadera tragedia. Ese día Esteban comenzó a dormir de mal a pésimo. Se despertaba ¡cada hora! Quería estar todo el día conmigo y paraba de mal humor.


Recuerdo aquellos días como los más duros de lo que va mi aventura como mamá. Fueron días de desesperación, frustración y mucho, mucho cansancio. No sabía qué estaba haciendo mal ni como solucionarlo. Felizmente los días pasaron y las cosas comenzaron a mejorar paulatinamente.


Lo que a mí me había tocado vivir era la crisis de los cuatro meses. Al parecer es algo común y les da en mayor o menor intensidad a todos los bebés. Dura entre dos y cuatro semanas, y consiste en una etapa en que desarrollan el sueño de uno de bebé a uno más adulto.