En el día de la familia: ¡Qué vivan las hermanas!


El 15 de mayo se celebra el día internacional de la Familia (más info clic acá). Este día es la ocasión perfecta para celebrar la importancia de la familia, de nuestra familia como núcleo de la sociedad (ojo, no importa como esté constituida nuestra familia, ni cómo sea, lo importante es que sea NUESTRA) Y, para mí, este día es la ocasión perfecta para dar gracias a Dios por mi hermosa familia y celebrar por la bendición que significa tenerla. Y en esta ocasión quiero celebrar de manera especial a mis hermanas.
Cuando pienso en mi familia paterna (no en la mía con mis hijitos y mi esposito, ese es otro post) inmediatamente pienso en mis hermanas. Sin ellas, mi vida no hubiera (ni continuaría siendo) la mitad de lo divertida y completa que es. Ellas son mi soporte en tiempos de crisis, las principales porristas de mis logros, mis compañeras de juerga, mis amigas fieles a las que les puedo contar todo sin pena, vergüenza o miedo (incluso más que a mis papás) y por supuesto, también son quienes me ponen los pies en la tierra, me hacen bullying y me “critican constructivamente” para que no me la crea. El equilibrio perfecto: el ying y el yang emocional.
En mi familia somos 4 hermanas, sí 4 mujeres. Yo soy la mayor, después viene mi hermana la segunda (mi súper íntima vecina, ex roommate y compinche) y luego vienen 2 gemelas. ¡sí! Gemelas. Que son mis chiquititas bellas, mis “íntimis camarines” hermosos a las que amé desde el día que nacieron (cuando yo tenía casi 7 años). Ellas 3 son las hermanas de las que hablo constantemente en mis posts y por las que celebro y agradezco este día de la familia. Cada una de ellas es madrina de cada uno de mis hijos.
Actualmente, las gemelas viven fuera. Cerca entre ellas pero, lejos de nosotras. Mi hermana la segunda vive a pocas cuadras de mi casa. Si me conocen, probablemente también la conozcan a ella. Si se hacen amigas de ella, seguramente serán amigas mías también y si se hacen mis enemigas, también lo serán de ella (jojojo). Para mucha gente es difícil comprender la relación entre hermanas: ¿no se aburren de verse todo el día? Quienes tienen una hermana saben lo divertido que es y lo incondicionales que somos entre nosotras y lo imposible que es aburrirse. ¿Quién no ha disfrutado los mejores chismes y más calentitos con su hermana? O ¿quién no se divierte simplemente haciendo nada con su hermana?
Mi relación con mis hermanas es franca y sincera. Nos decimos lo que pensamos, sin miramientos. Es una relación (tal como nuestras personalidades) no apta para sensibles. Con ellas yo soy yo, sin reparos (mi versión más burda). Me olvido del orgullo, de las apariencias y lloro como una Magdalena mis penas y celebro como una fiera mis alegrías. Son ellas quienes mejor me entienden, conocen mi historia mejor que nadie, porque con ellas construí gran parte de quien soy yo y ellas son parte de mí.

Espero que mis hijos logren forjar una relación tan cercana y sincera como la que tenemos mis hermanas y yo, y que disfruten de la bendición que es tener un herman@. Y hoy yo solo quiero compartir y celebrar la dicha de tener hermanas con las que me río a carcajadas, lloro a gritos, me peleo a palazos y me quiero tanto.