¿Cómo preparar a tu hijo para una visita al pediatra?




Como adultos entendemos que los médicos y la medicina nos alivian y quizás tenemos una relación amical con nuestro médico. Eso nos ayuda a tolerar procedimientos aburridos, incómodos y hasta dolorosos en cada visita que le hacemos y en los tratamientos posteriores que nos recetan. Pero ¿cómo es eso diferente de la experiencia de los niños?, aun pequeños, ellos no han tenido la oportunidad de comprender eso pero, sin importar eso, igual deben visitar a su pediatra rutinariamente y, encima de ello, muchas de sus visitas de rutina incluyen dolorosas vacunas. Entonces, desde el punto de vista de un niño que no entiende la importancia preventiva de visitar regularmente al pediatra, pareciera haber suficientes motivos para no querer ir: procedimientos dolorosos como vacunas, momentos incómodos como el desvestirse, exigencias difíciles como quedarse muy quieto y momentos muy aburridos mientras los papás hablan con el doctor. Será por eso que muchas veces hemos escuchado niños llorando incluso desde antes de que el pediatra les abriera la puerta para que pasen. Es que, sea como sea, ir a pediatra va a ser un reto, para algunos podría ser más fácil, pero no deja de ser un espacio poco conocido que demanda un comportamiento particular y donde el cuerpo del niño es manipulado. Para ayudar con eso, he resumido lo que creo son los aspectos más importantes al preparar a un niño para su próxima visita al pediatra. Espero que sean de ayuda sin importar la edad del pequeño y sin importar cuántas veces antes haya ido antes.
Empecemos con las expectativas. Es un hecho científicamente comprobado que las expectativas que tenemos sobre las situaciones que afrontaremos influyen en los resultados que conseguimos. Tus expectativas importan y las de tu pequeño también, entonces, prepárense para lo mejor. Si habrá algo doloroso como una vacuna, no te imagines en el peor escenario, sí imagínate que dolerá y la pasará mal un rato, pero también imagínate que sabrá sobreponerse y que lo sabrás calmar. Ten calma, efectivamente puede doler pero si estas “a la espera” de una pataleta o una situación de crisis, con más probabilidad la tendrás. Por qué no imaginarnos también que el gran carisma del doctor le encantará a tu hijo. Confía en el doctor que has escogido para tu hijo, confía en la capacidad creciente de tu hijo de auto-regularse y en tu capacidad de ayudarlo a regularse luego de una situación difícil.
Luego, otro punto muy importante es el manejo de la información. No importa que edad tenga tu hijo, dale información, cuéntale qué pasará. En general, la anticipación ayuda a los niños pues les hace el mundo más predecible y seguro. En esta ocasión se hace especialmente importante anticiparles qué pasará ya que le pediatra suele ser una persona nueva o al menos no cercana, además, muchas procedimientos son nuevos también y, lo más impactante, involucran el cuerpo de tu hijo, lo que naturalmente invade el espacio personal del niño. Por ejemplo, puedes contarle que va a ir a su pediatra y explicarle qué significa eso, “él me ayuda a que tú estés sano y tiene que ver cuán grande y fuerte estas” puede ser una buena explicación. Si va a conocer a esta persona por primera vez, dile su nombre, si su consultorio es en un lugar al que nunca ha ido el niño, cuéntale eso también. Cuéntale lo que el doctor va a hacer, va tocar su barriga, mirar dentro de sus orejas, entre otros. Y aquí viene también la parte difícil, contarle sobre alguna inyección o algo doloroso.
No necesitamos mentir y decir que algo no molestará o no dolerá, una ayuda más apropiada cuando algo definitivamente será doloroso es decirle que sí dolerá y contarle cómo será el dolor, cuánto durará y como lo ayudarás a sobreponerse al dolor. Por ejemplo, con una vacuna podemos decirle que se siente como un pequeño piquete y duele un poco, pero que rápidamente deja de doler; puedes decirle que vas a estar a tu lado, que puede cogerte la mano muy fuerte o abrazarte y que luego el doctor le pone algodón con alcohol para que el dolor se vaya. Y así como le contaste la parte dolorosa, hay que contarle la incómoda, quizás que le vayan a quitar el pañal para pesarlo, o que van a escucharle el pecho. Por último, si hay algo más fácil para el niño hay que mencionárselo también, si es más pequeño puede ser sencillamente que le van a mirar los ojos o si el niño ya se para puede ser el que lo vayan a medir. Esta última parte es muy importante porque lo ayuda a tener la sensación de poder manejar la situación. Las partes fáciles son tan importantes como las difíciles y hay que señalar ambas.
Es de mucha ayuda también contarle qué comportamiento esperas de él. Es necesario avisarle si esperas que este calladito, o quizás que esté muy quieto. Procura decirle cómo esperas que se porte en general (y no tanto como no quieres que se porte) y si cada prueba necesita que haga algo diferente (cuando te miren la oreja hay que estar quieto y cuando te escuchen el pecho hay que respirar fuerte). No esperes que se acuerde, se lo estas contando por respeto, ya que lo involucra, y por la tranquilidad que le da saber por anticipado qué pasará. Va a ser muy importante felicitarlo tanto al salir del consultorio como dentro de la cita después de cada revisión cuando se porte como es esperado. Y si no lo hizo tan bien, cada nuevo procedimiento es otra oportunidad y hay que confiar en que puede hacerlo mejor. Por ejemplo si lloro mucho y casi no se dejó pesar se le podría decir algo así: “No te ha gustado que te pesen, ha sido difícil, pero ya acabo. Ahora toca que te revisen los oídos, ya sabes que eso no duele, solo hay que estar muy quieto un ratito, tu puedes.” Lo importante es que no te sientas derrotada y le des la oportunidad de hacerlo mejor.
Al finalizar la consulta, muchos médicos suelen ofrecerles dulce a los niños luego de cada consulta. Esta es una práctica muy usada porque se basa en la idea de que el niño asociará al doctor con el dulce (que le encanta) y eso ayudará a que el doctor le guste más. A menos que tengas una opinión muy marcada en contra de los dulces, permite que su médico le regale el dulce al niño, es una linda manera de despedirse y realmente puede colaborar con las emociones de tu niño hacia el doctor. Y recuerda que se lo gana no por haberse portado bien, quizás se portó realmente mal, se lo gana por el esfuerzo y para que el la experiencia termine de forma más dulce.
Finalmente, las visitas al médico son una buena ocasión para empezar a hablar sobre el cuidado del cuerpo, de hecho el ir al médico es cuidar el cuerpo así que estamos solo haciendo explícito un área del cuidado del cuerpo que ya está presente en la vida del niño. Este es un momento para hablar de quién puede tocar el cuerpo del niño, qué partes y de qué forma. Haz explicito el respeto con el que el doctor tocará su cuerpo al revisarlo, el médico será suave, no lo jalará, no lo empujará y le avisará qué le está haciendo. Si el pediatra hace algo que no le gusta esté es también un buen momento para contarle que esta es la única situación en la que uno debe tolerar que le hagan sentir incómodo con la forma en la tocan su cuerpo. Es recomendable también contarle porqué el doctor puede tocarlo, cómo eso es parte de cuidarlo y la confianza que tú como mamá tienes en él por ser médico y porque estás presente.
Espero que estas sugerencias te ayuden en tu próxima visita al doctor. Y recuerda que no importa cuántos años tenga tu pequeño, todo esto se puede aplicar. Si bien siendo bebe no entenderá todo, entenderá algo y quizás mucho más de lo que esperas, y de hecho entenderá que le estas explicando qué pasará y sentirá calma.