Un tono de voz que marca la diferencia




En casa tenemos una pequeña de 2 años que esta pasando por los terribles 2. Ella está en ese momento de su vida en el que quiere probar sus límites y lo hace en cuanta oportunidad tenga. Yo, he entrado a esta vida maternal con un estilo de la vieja escuela, en la que los padres tienen la última palabra sin tomar en cuenta las opiniones y sentimientos de los hijos.
Hoy, con dos hijas, he aprendido muchísimas cosas, entre ellas que los gritos no llevan a una respuesta positiva. Si, yo lo admito, hasta hace poco, si mi hija no me obedecía en la primera, me molestaba y levantaba la voz. No tardé mucho en darme cuenta que en vez de recibir obediencia, recibía lo contrario, estaba comenzado a tener una niña renegona, rebelde y estaba comenzando a imitar mi forma de hablar molesta con sus amiguitos.
Fue entonces cuando decidí cambiar mi tono de voz. En vez de levantar la voz cuando ella me desobedecía, comencé a hablar con amor y mucha calma. La respuesta, increíblemente positiva, al inicio podía ver el rostro de mi hija quien esperaba mi explosiva voz y luego comenzó a obedecer con una sonrisa.
Otra cosa que fui aplicando desde entonces fue el entender porqué ella decide hacer ciertas cosas. Es decir, si se molesta conmigo, o me levanta la voz o si decide ser mala con alguna de sus amigas; en vez de directamente llamarle la atención, lo que ahora hago es llevarla a un lado y le pregunto sus razones, le hago ver que cosa negativa ha hecho y la persuado para que se disculpe.
Estos días, no solamente tengo una hija que responde cada vez más de forma positiva a mis preguntas y pedidos, sino que la siento mas alegre. Estos terribles 2 han demostrado que nuestros hijos se convierten en pequeños adolescentes pero no dejan de ser bebés que necesitan ser comprendidos y amados.
Como madre, he aprendido que el tono de voz con el que hablamos a nuestros hijos marca una gran diferencia. Lo que les digamos, como les digamos va a determinar su respuesta acompañada con una actitud. No dejo de aprender a ser mamá y me encanta.

Nuestros hijos no vienen con un manual bajo el brazo, pero nosotras como mamás aprendemos junto con cada uno de ellos.