¿ Mamá a medias tintas?



Soy cesareada dos veces. La primera vez indicaba que tendría un parto normal. Es más el programa materno que adquirí en la clínica fue de parto normal. Llegué al octavo mes y Mateo no estaba en la posición adecuada para nacer. Me recomendaron muchas formas de hacerlo cambiar de posición. Hice de todo, hasta gateaba por la casa con tal de lograr que se “encajara”. Nada. Mi primer hijo quería nacer a través de una cesárea y así fue.

Por mucho tiempo me excuse diciendo: fue cesárea pero hice de todo para que sea parto natural… fue cesárea pero fue porque no se encajo y era un niño muy grande… fue cesárea pero…etc.

Siempre me excusaba, como si lo que había hecho fuera un delito grave el cual nunca podría compensar. Con las críticas – que no ayudaban en nada – solo me hicieron sentir que le debía una explicación a todo el mundo. Mi decisión parecía un inmenso error. Los comentarios negativos no tardaron en llegar.

Los comentarios que escuchaba era que una madre cesareada jamás sentirá lo que es ser una verdadera madre (¿?) porque el hijo no le dolió. En otra palabras era una madre a medias tintas. Era madre porque tenía un hijo pero no lo era tanto porque no lo parí vaginalmente.

Sin embargo, un día mi psicóloga me dijo: uno es quien decide como sentirse, nadie te puede convencer de algo que no sientes. Fue así que deje de excusarme y de dar explicaciones por la decisión que salvo mi vida y la de mi bebé.

Para mi segundo embarazo - curtida de las críticas y con unos añitos más de experiencia - le dije a mi doctora: dígame la verdad, ¿cuanta probabilidad hay de que sea cesárea esta vez? Su respuesta fue: un 95%. Adquirí el paquete de cesárea y el resto es historia. Decidí nuevamente la mejor opción para cuidar mi salud y la de mi bebé.


Una madre es una madre sin importar de como trae sus hijos al mundo. Nadie puede otorgar ese título solo basándose del dolor que se pueda sentir. Somos madres desde el momento que vemos a ese pequeño ser moviéndose en el monitor y juramos que lo amaremos siempre. Somos madres desde el primer llanto desde una mesa de operaciones o una silla de parto natural. Somos madres y punto. No hay medias tintas.