Concepción mellicera




Como expliqué en mi primer post, tuve algunos problemas hormonales para poder quedar embarazada, el doctor nos decía que con paciencia y buen humor todo sería positivo de la manera natural. Pero no sería tan sencillo para mí, pues la ansiedad me carcomía por dentro. Fue así como decidimos optar por la inseminación. Pero había que solucionar un problema primero. Tenía un quiste en el ovario izquierdo y este debía desaparecer. No era posible, quería tener hijos y el tratamiento para el quiste era con anticonceptivos! En fin, esperar un ciclo más era como hacerle una raya más al tigre. Empecé el tratamiento y antes de culminar el periodo el quiste había desaparecido. Todo estaba listo para ese siguiente gran paso!
El tema de la inseminación no era tan rápido como yo pensaba. Primero había que esperar estar en el segundo día de regla para empezar con todo. Cómo demoraba la condenada en llegar! Se me hizo un periodo más que eterno. Finalmente llegó y vino lo bueno.
Mi problema primario era que “al parecer” no estaba ovulando de la manera correcta. Pues a pesar que me venía la regla es muy probable que existieran meses en los que ningún óvulo se asomara por mis trompas en el día 14 o 15 como en la mayoría de casos. Es por eso que en estos tipos de problemillas se usa mucho la estimulación ovárica, que no es nada más que un poquito de ayuda para ovarios flojos como los míos.
Unas pastillas por 5 días seguidos harían que mis ovarios trabajen un poquito más y así puedan producir más folículos que luego liberarían a los famosos y tan buscados óvulos. Una mujer puede ovular de los dos ovarios a la vez y más de un óvulo por ciclo (de ahí vienen los mellizos, trillizos, cuatri, quinti… y yo me muero un poco de solo pensarlo). Luego de eso vendría el seguimiento: cada dos días ecografías para ver cómo iban esos folículos. Me acuerdo que cada vez que íbamos al consultorio era como estar a punto de ver a mi bebé a través de esa máquina. Deseaba tanto que hayan tres buenos folículos para que por lo menos uno de esos tres pueda dar un buen ovulito que esperaría para ser fecundado. “Parece que vas a dar 2 folículos buenos. Competencia de ovarios para ver cuál libera al óvulo primero”, me decía el doctor.

Para ayudarlos a crecer un poco más me mandaron algunas inyecciones directo a la panza. Vale la pena unos segundos incómodos, con solo pensar en el objetivo final. Ahora solo quedaba esperar un poco y dejar a los ovarios chambear. “¿Qué más puedo hacer para ayudarlos doctor?”, el hombre se reía y me decía que solamente me relaje. Qué difícil! Decirle eso a mi estresada cabeza no ayudaba en absoluto, pero decidí hacer caso. Esos días se hicieron más llevaderos en el spa con faciales y masajitos relajantes.

Poco a poco se acercaba más el día 14 (día en el que yo creía que ya tenía que estar ovulando) pero nada. Mis folículos seguían creciendo pero nada de reventar para liberar al óvulo. Llegamos al día 16 y simplemente quería meterme una aguja y reventar yo misma a este par de pesados. Día 18 y 19 y nada aún. Y como una siempre cree que “San Google lo sabe todo”, empecé a buscar y leer casos de folículos vacíos, folículos que nunca reventaban y miles de cosas locas que me atormentaban peor. El doctor me dijo que me deje de cosas y que no me vaya a los extremos. “Hay mujeres que ovulan más hacia el día 21!”, me decía. Y es por eso que algunas personas que no son regulares tienen tantos problemas para encontrar bebes, porque ellas piensan que sus días fértiles son alrededor de los días 14 y no es así. Cada cuerpo es un mundo totalmente distinto. Individuales y únicos.
Llegamos al día 21 y ya! Los folículos habían alcanzado su máximo tamaño y ya estaban listos para reventar y liberar a los óvulos. Para asegurarnos que reventaran me mandó una ampolla que estimulaba la liberación del óvulo en 24 o 36 horas. A las 24 horas aún no reventaban… yo moría de desesperación y pensaba si así era esta angustiante espera, cómo serían los días para saber si esta vez el resultado sería positivo! A respirar hondo nada más.
El doctor con solo verme la cara ya sabía lo que pasaba por mi cabeza. “Marite está todo perfecto, esto solo quiere decir que hoy en la noche ya se liberan los óvulos. Tú, tranquila”. El día había llegado, si fuera el método natural natural, me hubiera dicho que tenga relaciones ese día y el siguiente para asegurarnos que los espermas lleguen a los óvulos y con suerte uno de los dos se logre con éxito. Pero yo quería ir más a lo seguro. Por eso procedimos en ese mismo momento con la inseminación.

Es casi lo mismo, solo que en la inseminación se introduce por medio de una canulita el semen del hombre.  A veces el ph de la mujer es tan ácido que mata la mayor cantidad de espermas que encuentre a su paso. Como dijo el doctor “la mayor asesina de espermas es la vagina”. Por eso con la inseminación se asegura que casi todos los pescaditos lleguen a su destino. Y así fueron dos veces: ese mismo día 21 antes de que los óvulos salieran y en el día 22 cuando los óvulos ya estén viajando por las trompas.

Efectivamente, esa misma noche los folículos reventaron. Al día siguiente en la ecografía pudimos ver que esas dos enormes bolitas ya no estaban. Tuve suerte de que hayan reventado los dos, pues algunas mujeres solo dan uno y el otro folículo nunca revienta y se reabsorbe o se vuelve quiste… a más óvulos más chance de que prenda bien y un bebé crezca en la panza. Porque eso sí, no quiere decir que porque una de 3 óvulos vaya a tener trillizos de cajón! No es así.

Fue al finalizar la segunda dosis donde caí en cuenta que estaba todo listo. Ahora solo quedaba dejar todo en manos de Dios. Serían 14 días de espera, una espera que se hizo realmente larga, una espera en la que el año se acabó porque todo esto pasó el 21 de diciembre. El 4 de enero sería la prueba de fuego. Día en que el resultado del laboratorio tenía que salir positivo (un número mayor a ese feo 0.11 que ya me traía cansada).
Llegó Navidad y yo no dejaba de pensar que el regalo más grande del mundo podía estar ya creciendo en mi panza. Era lindo tener ese “gran secreto” en ese entonces entre mi esposo y yo. Éramos cómplices en esta aventura de amor y esperanza, eso nos unió mucho más aún. Conectados al 100% solo esperábamos que llegue ese nuevo año que sí o sí debía empezar con el pie derecho.

Lo pasamos en familia en la playa, quemando el 2013 que fue un poco duro para nosotros. Pensando en que en solo unos días todo podía cambiar… hasta que el 3 de enero, un día antes de ir a sacarme los tan esperados análisis, mi mundo una vez más se vino al suelo: me había venido la regla…