Una pequeña reflexión (o mejor dicho, un sopapo en la cara)



No vino de mí, sino de otra mamiguita – en su segundo hijo, o sea que con algo más de experiencia que yo. Me dijo:

Queremos ser perfectas para nuestros hijos y perfectas para nuestros jefes, y si nos sobra tiempo, perfectas para nuestras parejas. En todo esto, no te queda tiempo, ganas ni energía para ser perfecta para ti”.

Jodersé! Es verdad.

Tan solo la semana pasada estaba con una pequeña infección en el ojo y andaba con los ojos rojos en la oficina. Al día siguiente mi colega me pregunta por teléfono si estaba mejor. Mi respuesta: “creo que sí, pero la verdad que no he tenido tiempo de mirarme al espejo hoy día” (eran las 11 de la mañana).

Mis mañanas son un locón. Malabares entre prepararme para el trabajo y preparar a Mucita para la guardería. Me baño, la cambio, le doy de comer, desayuno (nunca salgo sin desayuno), me saco leche, alisto mi almuerzo (si hay tiempo), alisto mis cosas, la alisto a ella, a veces toca una segunda cambiada (la de terror), y finalmente salimos. *respira* Durante el día, la oficina; y llega la noche, y una vez que la pequeña se ha ido a dormir, lo poco que me queda se lo dejo a mi esposo, que es, la mayoría de veces, una cabeza agotada descansando en su hombro mientras intento mantener los ojos abiertos para terminar un nuevo capítulo de Daredevil.

¿Y yo? Mentiría si digo que necesito un día en el spa, o una sesión mani-pedi. No era algo que hacía, ni algo que me provoca hacer. Lo que más extraño es hacer deporte. Ando decidida con que “mañana empiezo” pero mañana mañana y nada. Mientras, me como un chocolate – hábito adquirido en mi último mes de embarazo y acentuado con la lactancia - y me sirvo una copa de vino como quien busca reconectarse con su vieja yo. Extraño tener tiempo para mi blog, mis dibujitos abandonados, mi pensar en las musarañas. El otro día me fui de compras, una carrera de 30 minutos antes de salir a otro compromiso.

Y esto no se trata de que la bebe esto, o mi esposo aquello. No lo creo. Yo creo que hay que poner un poco de nuestra parte y empujar la balanza.


¿Alguna de ustedes está en el mismo barco? Bueno pues ¡sopapo en la cara, y despertemos!