Dónde encontré apoyo incondicional



Creo que hay muchos que no saben la cantidad de apoyo que necesita una mujer que se vuelve madre por primera vez. 

Mi experiencia como mamá primeriza ha sido dura, nadie nunca me dijo que lo iba a ser tanto. Entre el estrés, el aprendizaje, las sorpresas, el cansancio, los improvistos y demás, esta etapa ha sido, de sobra, la más difícil de mi vida. 

Pero, ¿qué es lo que me hubiese ayudado un poco en estos duros tres meses? Tener más apoyo. Ese apoyo incondicional que solo tres o cuatro personas que entienden por lo que estoy pasando me han sabido dar. Ese apoyo que se siente cuando llega a través de un oído que escucha y no reprende, unos labios que saben aconsejar sin criticar, unos brazos cariñosos que cargan a un bebé que no es suyo con una cantidad de amor tal que pareciera que sí lo fuera, unos ojos que no juzgan y una sonrisa tranquilizadora que lo alivia todo.

Para algunos he parecido una loca en estos tres meses que han pasado. Algunas personas me han desconocido, y a mis espaldas se han preguntado "¿qué le pasa?" Otras, que sí saben por lo que estoy pasando, me han entendido y me han ofrecido una mano, unos brazos y hasta un hombro (para llorar).

Ellas no me desanimaron en el duro viaje que es la lactancia, no dudaron de mí ni un segundo cuando les conté que quería tener un parto natural, respetaron mi privacidad cuando les pedí espacio, me contaron de sus experiencias cuando les pedí consejos y corrieron a ayudarme cada vez que lo necesité.

A ellas quería agradecer en este post porque son esas personas indispensables en mi vida, mi red de apoyo y contención, amigas que toda mujer que se aventura a ser madre debería tener.


Ustedes ya saben quienes son.