Todos quieren que seas grande



Esteban es mi bebé y tiene tan solo ocho semanas. Como cualquier otro bebé Esteban nació inmaduro. Él tiene patrones de sueño irregulares, nada parecidos a los de un adulto. Su sistema digestivo todavía no está totalmente desarrollado, por lo tanto usa pañales. Él ha estado, antes de venir al mundo, por más de nueve meses en mi barriga, así que le gusta sentir el vaivén de unos brazos que lo cargan, es a lo que está acostumbrado. Él es descoordinado y recién ha aprendido a erguir su cabeza. Él llora cuando algo le incomoda, es su forma de comunicarse, no tiene otra ya que no habla.

Esteban, yo entiendo que seas un bebé y estés creciendo a tu ritmo. A veces, lo reconozco, soy terca y quiero tratarte como si fueras un adulto. Entonces me desespero, me agarro los pelos y pienso “Dios mío, ¿¿¿¡¡¡cuándo vas a comenzar a dormir de corrido!!!???”. Pero después se me pasa. Esteban, yo sé que eres un bebé. Sé que crecerás a tu ritmo.

Esteban, tú no eres suficiente grande para la sociedad. Todos alrededor mío, conocidos y desconocidos, me preguntan si me dejas dormir y al escuchar mi respuesta negativa me sermonean sobre el entrenamiento para dormir, me dicen "debes comenzar cuanto antes”. Me miran con una extraña exigencia y me culpan por “acostumbrarte” a los brazos, me dicen “es tu culpa y más adelante será peor”. Ellos quieren que ruedes, gatees, hables y camines en tiempo récord. Tú propio ritmo no es suficiente para ellos.

Y yo pienso, ¿es que acaso quieren todos que crezcas lo antes posible? ¿Ellos hubieran preferido que llegues a este mundo mudo, sabiendo ir al baño y sin molestar a los grandes? Quieren que no me quites el sueño, como si yo preferiría dormir y perderme esa conexión que solo tenemos tú y yo a las 4 de la mañana, cuando dormida, con ojeras hasta el piso, el pelo revuelto y una teta afuera, te sostengo y tú con los ojos cerrados te ríes a carcajadas justo antes de quedarte profundamente dormido. Creen que preferiría no disfrutarte y llevarte a cuestas a donde voy. Creen que quiero de vuelta mi espacio, incluida mi cama, que quiero ser independiente y no estar atada a nada ni nadie.

Se equivocan. Sí, definitivamente ser la “yo A.E.” (antes de Esteban) era más fácil. Sí, nunca había estado más cansada en mi vida, y sí, reconozco que deben haber trucos para hacer los primeros meses de un recién nacido más fáciles (como sugerencia de todos la receta perfecta sería contratar una nana, comprar fórmula, dejar que llore en su cuna y hacer como si nada hubiese pasado). Pero no, no voy a dejar que te apuren.

Yo sí entiendo que eres un bebé y a tus ocho semanas de nacido sigues conociendo este mundo. Yo también estoy conociéndolo ya que todo ha cambiado contigo aquí.

Poco a poco iremos acostumbrándonos a él y conociéndonos el uno al otro, sin trucos y sin trampas.


Esteban, demórate lo que quieras, tu mamá te espera.