No más flexibilidad con los horarios



La mejor arma de una madre son los horarios. Con ellos podemos mantener una vida mas organizada y nuestros hijos se sienten mas seguros al saber que es lo que viene.

Sin embargo,  en mi caso no siempre hemos seguido nuestros horarios teniendo sólo una hija. Con ella, han habido días en los que hemos evitado la siesta, la hemos llevado a reuniones y regresado tarde a casa, ha desayunado y almorzado tarde. Como resultado teníamos una nena cansada, gruñona y todo le molestaba a cierta hora del día.  Yo no entendí ese malhumor hasta ahora que tenemos otra bebé en casa. 

Desde que llego nuestra little Nicolette, hemos tenido que volver a organizarnos. Mientras está mi esposo, todo fácil,  la cosa es cuando estoy sola con las dos. Es ahí cuando me volví menos flexible con los horarios. 

A Naya dormilona, la despierto más temprano para que tome desayuno, para cambiarla y así podamos salir de la casa a tiempo a nuestras actividades del día.  Para eso, antes ya me he peinado, maquillado y cambiado. Mientras Naya desayuna, alimento a la mas pequeña y una vez satisfechas, salimos. Esto me toma 3 horas aproximadamente para llegar a tiempo a nuestras actividades. 

Regresamos al medio día de frente a almorzar. Nos toma un poco más de una hora almorzar y yo debo comer mas rápido para alimentar a Nicolette.  Naya estos días me pide que le dé de comer y es luego de haber estado comiendo sola por un rato, me gusta porque así me aseguro de que coma todo  y luego la mando a tomar la siesta #obligado

Por supuesto que ella se va a resistir a ir a dormir pero igual, la echo en mi cama o su cama. Mientras ella duerme puedo hacer lo que estoy haciendo ahora, bloguear mientras sigo de vaca lechera, o también limpio la casa, veo TV o trato de disfrutar de estos minutos de paz. 

Cuando ella se despierte, va a estar mas feliz y llena de energías, así que vamos a salir a hacer algo divertido hasta la hora de la cena. Regresaremos a comer, luego a bañarse y a alistarse para dormir.

Desde que me he vuelto menos flexible con los horarios, Naya es más feliz. Porque descansa más,  come a la hora, juega con mas energías y hasta es mas obediente ojala-fuera-asi-todos-los-dias. Y nosotros por nuestro lado nos sentimos mejor emocionalmente, tenemos mas tiempo luego de que las nenas se van a dormir y podemos conversar sin pequeñas interrupciones. 

Si, tener un horario es lo óptimo pero depende de nosotros que sigamos las reglas. Como resultado, vamos a tener unos niños mas felices y unos padres mas relajados.
Los retos continúan porque nuestras pequeñas aprenden nuevas cosas y las rutinas y horarios deben amoldarse a sus pequeñas vidas. Por ahora, hemos encontrado un balance en casa que nos hace feliz.


Un beso hermosas y hasta la próxima.