El nido de mis sueños no era el de los suyos …


Quiero contarles algo que acabo de pasar con Mati en tiempos de nido. Como saben, mi gordo tiene 2 años 2 meses cumpliditos, así que con papi andábamos en #modonido. Ya lo teníamos elegido, siempre soñé con él.

A la vuelta de mi casa, una metodología que me habían dicho que era buena, misses jóvenes, a la vuelta de la casa, los niños se veían bellos en uniforme, etc, etc. Lo había elegido incluso antes de tener a Mati jajaja, apenas me casé y me mudé. Era el niño de mis sueños. Este verano decidí meterlo a una taller de verano del mismo nido, se veía lindo! Mi primera experiencia la tuve por Setiembre del año pasado, cuando me tocó tener la visita guiada por la misma dueña.

Pues puedo contarles que quedó lejos de ser lo que había pensado. Ella no me explicaba mucho, sólo llegaba a un aula, prendía las luces y me miraba como para ver mi reacción y si quería decirle algo … muy extraño no? No me vendió su nido, no me dio tips, no me habló de la seguridad. No nada de nada. Me fui un poco movida pero quise darle una segunda oportunidad. 

Capaz ese día ella no estaba al 100% ¿no? 

Así que recontra felices nos preparamos para empezar la primera semana de Enero su tan esperado taller de verano. Mi experiencia no comenzó bien puesto que el primer día nadie me abrió, dejaron un cartelito que decía que se había pospuesto la clase para el sgte Jueves, plop! Y con lo mucho que me costó dejar a Mati listo para su primer día, nadie me avisó ni nada, hasta permiso del trabajo para este día tan especial tenía!

En fin, el siguiente Jueves regresé y no me encantó. De 8 niños solo estaba mi hijo y una niñita más mucho más chiquita que Mati. Mi hijo solo me llamaba y la miss (que tendría según yo unos 15 años porque literal era una niña) no hacía nada por integrarlo o hacerlo sentir parte de. Matías no estuvo en su mejor día, pero no lloró. No me encantó. En la siguiente clase hubo un niño más, y cada clase aumentaba en uno. Lejos de ser estimulación, taller o lo que fuera, era más hacer hora … todo aburrido, oscuro, sin gracia, las misses sin vida. 

Mi hijo se echó a llorar. Y desde ahí no paró hasta el último

día que lo llevé.  

Empecé a observar a Mati, a escuchar lo poco que me decía, a entender cada gesto, cada mirada. Empecé a darme cuenta que ponían etiquetas a los niños, con Mati escuché que dijeron: tiene 2 pero parece de más, es una bala!, lo que es a mí, esas etiquetas las detesto. Etiquetaron a su amiguito, gran error porque es como su primo, ahí mi paciencia se acabó.

Tenían poca seguridad, enchufes a la vista de los niños, ventiladores prendidos sin barreras y algunas cosas más. Un día un niño salió del salón y la miss se fue corriendo detrás de él dejando 4 niños de 2 o menos en el salón … yo corrí a la puerta a cuidarlo. No me pareció para nada justo ni correcto. Mati escuchaba la palabra nido y se ponía loco, es más, hasta hoy no puede pasar ni cerca porque se pone a llorar. Y no le hicieron nada! Simplemente, era un equipo de misses con muy poca buena vibra y un lugar no adecuado para él.

Y pasó, el nido de mis sueños no era el de los suyos y dejó de ser totalmente el de los míos. No terminó ese taller para nada, buscamos otro nido y encontramos uno hermoso, cerca y que cumplía con las características de lo que buscábamos para Mati! No queremos que sea el mejor del salón ni que lo preparen para ir al mejor colegio de Lima, queremos que sea feliz, que juegue, se divierta, haga amiguitos, se sienta seguro, cuidado y querido. 

¡Así que lo encontramos!

Dentro de unas semanas comienza clases y estamos ansiosos!!! Y no le diremos nido, palabra intocable gracias a la primera experiencia fea, lo llamaremos por su nombre. Solo me queda decirles que por favor siempre miremos, escuchemos y entendamos a nuestros hijos. Cada llanto, cada gesto, ten por seguro que algo nos quieren decir.

Un beso!

imagen: internet