5 minutos en el mar



Este fin de semana por primera vez nos atrevimos a llevar a Esteban, nuestro bebé de mes y dos semanas, a la playa. Un bebé tan chiquito no puede hacer muchas cosas entonces en vez de “playa” léase “a la casa de playa de donde no podemos salir con tremendo sol”.

Nuestro fin de semana en la playa entonces se resume en hacer prácticamente lo mismo que hacemos en Lima, solo que acompañados de nuestra familia, la brisa y el sonido del mar. Por ahí mi esposo se da un escapada y se va a correr, y yo el sábado, antes de que se vaya el sol aproveché para ponerme la ropa de baño (esta vez de una sola pieza), bajar a la playa y meterme al mar 5 minutos.

Dándome esa escapada recordé cuánto me encanta el mar y zambulléndome una y otra vez sentí cómo se iba el estrés de estas primeras semanas de Esteban en donde me he visto invadida de nuevas experiencias:

   Sentí cómo desaparecía el cansancio de tantas noches sin dormir. El agua helada me daba energía para un nuevo comienzo.
   Sentí que no era madre, desaparecía esa linda y a la vez atemorizante etiqueta, desaparecían mis responsabilidades y chapoteando otra vez me sentía niña de nuevo, sin preocupaciones ni decisiones por tomar.
   Sentí que mataba todo comentario malo, las caras de los prejuiciosos se iban hundiendo, las críticas no importaban más, y me arrepentí de no haber usado mi viejo bikini para lucir mi nuevo cuerpo, que es lo que es y está como está, pese a quien le pese.
   Sentí que extrañaba el mar, mi afición por la naturaleza y la aventura. Extrañé mis clases de bodyboard y los atardeceres veraniegos entre las olas.

Por último sentí que quería regresar. Después de mis 5 minutos en el mar, de acordarme de quién era hace unos meses, de lo que extraño, de lo que quiero... Agarré mis cosas y volví, caminando rápido, con ganas de sentir eso que Esteban me hace sentir y que no necesita 5 minutos para hacerlo. 


Con un segundo basta. Tu mamá está de vuelta Esteban.