Que tu agenda 2016 sea un tesoro


Y resulta que a fines del 2014, nos compramos una linda agenda y anotamos una larga lista de metas para el 2015, de las cuales no vamos cumpliendo ni el 50%.

¿Desanimarse por el exceso de impetuosidad? Jamás. Retroceder, sí, quizás un poco.

Evaluemos: ¿Somos realistas, es decir, somos conscientes de que realmente no tenemos vida para llegar a todo? Madre, amiga, mujer: Lo siento, pero es verdad: no llegamos a todo, por más que nos pongamos en el celular miles de calendarios y recordatorios, o apliquemos física cuántica para aprovechar las 24 horas del día. Desde el momento en que trajimos al mundo al primer (o único) ser pequeñito que nos dice “te quiero, mami”, ya no somos ni medianamente dueñas de nuestro tiempo, nuestra agenda y los cuadritos del almanaque que tenemos pegado en la cocina.

Por qué no mejor delinear lo que verdaderamente está en nuestras manos: nuestras prioridades en la vida. Dios, familia, trabajo, cada una conoce las suyas, la cuestión está en ser consecuentes y ordenar nuestra mente –ya que la sala de la casa no volverá a ser neat hasta dentro de varios años–. Eso te ayudará a establecer un orden de metas: no es lo mismo recursearse para pagar un buen colegio que para comprar una camioneta donde quepan todos, o para hacerte socia de un club familiar donde tus hijos jugarán felices.

Considera, además, que aunque seguramente para ti tu familia es lo primero, tú también eres importante. Mejor dicho, muy importante. Si estás mal, ellos lo estarán; si estás bien, toda la casa se iluminará. No es falta de modestia, es la verdad. Por eso, sin abusar, tienes que pensar para el 2016 en actividades que te mantengan sana de alma y cuerpo: comer bien (¡y rico!), hacer ejercicio, estudiar algo que te apasione… recuerda: ¡Pensar! El mundo nos está haciendo correr muy rápidamente, y el vértigo no nos permite sentarnos con nuestro marido a pensar y escribir: ¿Qué queremos para nuestros hijos? ¿Qué tipo de madre quiero ser? ¿Mi esposo y mis hijos están siendo felices?

Dale vueltas y tu agenda 2016 será un tesorito preciado que te devolverá al camino cuando, sin querer queriendo, termines en Narnia.