Mi hijo no comparte


Sobre trifulas entre niños pequeños por juguetes propios y ajenos. ¡Mío, mío! En los parques no todo es felicidad.

Amadeo está arrodillado jugando en el parque con sus tres carritos. Un niño se le arcerca, carga uno de ellos y se lo lleva para otro lado.  Mi hijo se pone a llorar desconsoladamente. Es evidente que no quiere compartir ni uno.  Aún así, la madre del niño le pregunta a Amadeo:  “¿Puedes prestarnos tu carrito solo un rato y despúes te lo devolvemos?”.  Esas discordias por los juguetes son típicas entre niños de uno a tres años o más. Y como adultos nuestra primera reacción es siempre animarlos a compartir. Todos queremos, naturalmente,  que nuestros niños sean generosos. La cuestión es cómo enseñarlo.  ¿La generosidad se puede imponer? ¿Sermones del tipo “vamos, tienes que compartir con tu amigo o con tu hermano” sirven o son la mejor opción? ¿Una negativa a prestar puede ser válida? ¿Los niños deben compartirlo  todo? O al revés, pensanso en la madre del parque: ¿Debemos  complacerlos siempre cuando ellos quieran jugar con algo de otra persona?

 “Amadeo no quiere ahorita prestar su juguete. Lo reclama una y otra vez. Está muy entretenido”,  le dije al niño. “Seguro que después u otro día se anima”.  La madre me miró con asombro, se le salieron los ojos, frunció las cejas y se llevó a la esquina opuesta a su pequeño. “Los niños tienen que aprender a compartir”, me dijo antes de irse. No le respondí nada.  No nos volvimos a cruzar más esa tarde por el parque. ¿Ella esperaba que obligue a mi hijo? Decir que “no” es difícil, pero creo que mi Amadeo compartirá cuando esté preparado.  Además, quiero que él se sienta seguro de tener derecho sobre sus propias cosas y de dar un “no” por respuesta cuando lo crea necesario. 

Madre del parque: así como debemos poco a poco irles armando el camino para que aprendan a prestar sus juguetes sin temor a que los perderán, también debemos ayudarles a distinguir entre lo que es de ellos, lo que es de todos, como los columpios,  por ejemplo, y lo que es de otros. Mi hijo ni el tuyo son anómalas egoístas o caprichosos de dos cabezas. Es esperable que estén pasando por ese momento de aprendizaje y desarrrollo.

 Esas conductas “egoístas” de nuestros niños son pasajeras. Al obligarlos a compartir les estamos exigiendo lo imposible. El psicólogo suizo Jean Piaget llamó a esa etapa de fuerte sentimiento de posesión -que tiende a sobresalir hacia los dos años- “egocentrismo infantil", pues justamente no están en la capacidad de  ponerse en los zapatos del otro. Piensan que el sol sale y se oculta por ellos y que las cosas y personas que lo rodean somos su posesión, su identidad. Aprenderán a compartir luego con nuestro ejemplo, mamando la empatía y altruismo que fluya en casa. ¿Cómo lo ven ustedes? ¿No les parece que estamos esperamos demasiado de nuestros nenes desde muy pequeños?