El famoso pan bajo el brazo


Anoche, mientras huía silenciosamente del cuarto de Cristina, luego de haberla acostado, no pude evitar detenerme para contemplarla. No sé de remedios caseros para los mocos ni baño a mi hija los domingos en la noche, pero en lo que sí soy buena es en eso: en ser feliz contemplando el milagro que supone su existencia.

Vi que las medias le quedaban pequeñas. Que no tenía una pijama decente pinky white y que las trenzas que le hice ya estaban deshechas. Sin embargo, dormía con paz sobre la cama que fue mía y donde encuentra abrigo gracias a una bella frazada de elefantitos que encontré de oferta hace tiempo. Gracias, Dios, en serio.

Más allá de las carencias o desarreglos –ok, compraré medias por docena en Polvos–, me sorprendí de todo lo que como familia hemos logrado en tan poco tiempo, lo material y lo no material. Claro, siempre contando con el apoyo de las personas que nos quieren y de la Virgencita protectora. ¿Quién nos iba a decir, antes de casarnos, que podríamos encontrar la seguridad que ninguno de los dos teníamos, para educar a un pequeño ser que depende enteramente de sus padres? ¡Y el dinero! Creo que sí, antes de tener a Cristina, hubiéramos sabido todo lo que iba a suponer económicamente, y teniendo en cuenta que Raúl, durante mi primer embarazo, no tenía el mejor de los trabajos, nos hubiésemos tirado al río del susto. Pero no lo supimos, y a Raúl le cayó un mejor trabajo, y ahora con Rafael, otro mejor todavía.

Madres: No es un mito eso de que todo niño nace con su pan bajo el brazo. Si uno es generoso y recibe el milagro de la vida con amor, llega un rico bizcocho de paciencia, cariño, fortaleza, buen humor y hasta billetitos para cubrir al menos lo necesario, paso a paso, etapa por etapa.

El mundo me mueve a empezar ya a preocuparme por el colegio y la universidad de mis hijos. Caracho, ¿no hay años sabáticos en este tipo de asuntos? Ok, responsabilidad: Empezaremos a ahorrar para esos fines. Sin embargo, me niego categóricamente a hacer cuentas, porque si no me tiré al río antes, ahora sí soy capaz de desafiar al Puente Villena.


Tranquilita nomás, compraré mi chanchito de Interbank y seguiremos con la vida, empezando por comprar medias más grandecitas para mi princesa.