Diciembre, llegaste muy rápido.


Diciembre, llegaste muy rápido. Noviembre pasó volando. Se detuvo solo un rato para clavarme mis 32 añitos, ver que todo estaba bien y luego siguió de frente para darle paso a diciembre. Sí, ese diciembre que todos esperan, el que trae la grati, los feriados y la navidad, ese diciembre que yo quería evitar. El mismo que trae mi vuelta al trabajo – al otro trabajo. 



Benditos aquellos países en donde la licencia por maternidad es de seis meses. Santos aquellos en donde dura un año. Acá en Holanda, país primermundista de gigantes en bicicleta y niños felices, aún la licencia dura 16 semanas (y 4 de esas semanas son antes de dar a luz). Holanda: un punto menos para ti. Y ya nos toca. A tus 12 semanas, pequeña, nos toca cambiar los agús por teleconferencias, el intercambio de sonrisas por cadenas de e-mails, y nuestras canciones inventadas en cada cambio de pañal por discusiones sobre el clima. He acá algo que descubres una vez que te conviertes en madre/padre viviendo en el extranjero: si normalmente te hace falta tu familia, no tienes idea cuánto la necesitas cuando tienes que dejar a tu bebita en la guardería. Yo sé que vas a estar bien. Las chicas de la guardería te van a cuidar, van a jugar contigo y te van a abrazar cuando necesites un abrazo. Pero ¿y a mí? A mí me van a dar un cuarto para sacarme la leche cada 3-4 horas. Punto. 

Pero tranquila Mu, lo único que importa es que Mucita va a estar bien. Hemos tenido unos días de prueba, dejándote unas horitas para que te vayas acostumbrando, y hoy te dejé y te dejé sonriendo. Con esa carita me quedo para estar tranquila. Todo va a estar bien, Mucita. Todo va a estar bien, Mu. Fuerza mamis que tenemos que volver al trabajo – al otro trabajo -. Y fuerza porque sé que llegando a casa luego de un largo día no vamos a poner los pies sobre la mesa con una copa de vino. Nuestro trabajo, con o sin oficina, no se acaba nunca. Pero no importa, porque aunque nos quejemos a veces, bien adentro sabemos que no queremos que se acabe nunca.