Cómo me convertí en madre, mi historia de parto



Creo que lo que más nos asusta de el dar a luz es que no sabemos mucho del acto en sí. Sabemos lo que nos dicen las películas de los partos, que generalmente son súper-hiper-rápidos, que duelen, que las contracciones o la ruptura de la fuente llegan de pronto y en pleno día... Se nos habla de partos que existen pero que no son la regla general. Además no sabemos al detalle qué es lo que pasa realmente en un parto.

Por eso, quiero compartir a detalle mi parto y me gustaría que así como yo, más mamás quieran compartir el suyo con el mismo detalle, para así poder instruir a otras futuras mamás sobre qué esperar de un parto.

Esteban - 9 de diciembre de 2015 - 04:06 am

Era miércoles y me desperté en la a las 5 am con contracciones. Eran las mismas de siempre, las famosas braxton hicks (http://es.m.wikihow.com/identificar-contracciones-Braxton-Hicks) solo que con un poco de dolor, como cólicos menstruales. Tuve tres de esas y luego sentí un descenso, algo líquido en pequeñas cantidades. Fui al baño y vi que goteaba, era el líquido amniótico, mi fuente se había roto (los doctores lo llaman ruptura de membrana) y lo reconocí porque ya me habían dicho que iba a oler a limpio (a cloro). El líquido era transparente así que no me preocupé (si es verdoso o marrón significa que tiene meconio y debes ir inmediatamente a la clínica). Esperé a las 7 am, desperté a mi esposo y le conté. Llamamos a nuestro doctor y nos dijo que esperemos a que lleguen las contracciones. Debían ser regulares, en ese entonces yo tenía contracciones pero algunas cada 4,5,7, 10 o hasta cada 20 minutos.



En estos casos en que se rompe la fuente de manera temprana hay que tener mucho cuidado ya que hay riesgo de infección. Por eso fue que a las 6 pm fuimos a la clínica a encontrarnos con nuestro doctor. Monitoreamos al bebé, mi pulso y la intensidad de las contracciones. Para ese entonces había dilatado solo hasta 2 entonces concluimos que había que inducir. A las 7 pm me pusieron una sonda con un goteo de oxitocina (una hormona que produce naturalmente el cuerpo y se encarga de provocar contracciones). A las 8 pm ya tenía contracciones regulares, más o menos cada 2 o 3 minutos y de intensidad fuerte. El hecho de tener una sonda en la mano y de tener que llevar conmigo el suero era muy incómodo para mí. No quería que además me tuvieran que poner otra vía para la epidural. A parte tenía miedo de no poder vivir mi parto de una manera real. Quería tener el control de lo que sentía y me daba pánico que algo salga mal y termináramos en una cesárea. Pero a las 11 pm las contracciones eran muy fuertes, y ya no me servían las respiraciones profundas, las posiciones de yoga ni los pensamientos positivos. Me revisaron y solo había dilatado a 3. Mi doctor me explicó que la epidural, en la dosis en que me la aplicaría (walking epidural, una epidural muy leve que te deja caminar y estar en movimiento) me ayudaría a dilatar más rápido, sin dolor, pero pudiendo sentir la presión de las contracciones y teniendo el control del pujo en el parto. Me aplicaron la primera dosis de epidural y aproveché para dormir. A las 2 am ya había dilatado a 6 y el dolor volvía. Me aplicaron una segunda dosis y la obstetra me dijo que le avisara cuando sintiera ganas de pujar, no importaba si solo era una sensación suave, ya que a partir de ahí significaba que el parto estaba muy cerca. A las 3:55 am tuve las primeras ganas y 5 minutos después estas eran casi incontrolables. Se comenzó a preparar todo para el parto, en la misma habitación de dilatación se encontraban todas las máquinas entonces fue relativamente rápido. Cuando todo estuvo listo mi doctor me dijo que a partir de ahí todo estaba bajo mi control, apenas sintiera la contracción venir solo tenía que pujar. En posición sentada y agarrándome de las manijas de la camilla vertical comencé a pujar con un poco de miedo. Tal como dicen, las contracciones de pujo se sienten exactamente como cuando quieres ir al baño. Entonces mi temor era que se me salga todo. Felizmente ya se lo había advertido a la obstetra y mi doctor, los dos me dijeron que no me preocupe, que era lo más normal y que suele pasar. Después de esos primeros pujos la sensación fue tan fuerte que ya no importaba nada más. Necesitaba pujar y lo más fuerte que podía. Mi doctor decía que ya había salido la cabeza y yo lo sentía como una quemazón en mi suelo pélvico, como si estuviera apunto de romperse. Di otro pujo más fuerte y salió el cuerpo muy rápido haciendo que se me desgarre un poco el perineo. En ese momento todo comenzó a ser como una película, desde que vi el cuerpo de Esteban siendo levantado por entre mis piernas y lo recibía para ponerlo encima mío. Eran las 4:06 am y Esteban había nacido. Estaba todo morado e inmediatamente comenzó a llorar muy fuerte. Yo solo atinaba a querer consolarlo. 



Inmediatamente se acercaron el neonatólogo y las técnicas para limpiar a Esteban. Después de un rato de tenerlo sobre mí y de que se calmara se lo llevaron a unos metros para un pequeño control. 



Mientras tanto yo seguía teniendo contracciones leves y expulsé la placenta. Mi doctor me dijo que tenía un desgarro y esperé a que me suture. Cuando acabaron de revisar a Esteban se lo entregaron a mi esposo para que tenga contacto piel con piel con él. Después me lo volvieron a entregar a mí para que por primera vez le diera de lactar. Se prendió del pecho rapidísimo. Así estuvimos un buen rato, hasta las 6 am cuando amaneció y había un cielo totalmente despejado. Esteban había nacido y ya estaba con nosotros. Afuera todo seguía normal, los carros iban y venían, salió un sol fuertísimo y comenzaron a llegar las visitas, mientras tanto nosotros nos recuperábamos de una noche cansada, de 22 horas de labor de parto, de tantas emociones, sentimientos y felicidad. Mucha felicidad.