Vamos a hacer las compras: Enséñale jugando



Mati está cerca a los 2 años, y a su corta edad trato de involucrarlo en mi día a día en lo que más pueda. Hasta el dar una vuelta a la manzana es toda una aventura para él.
Una vez por semana me lo llevo al super, lo trepo al carrito y comienza la aventura. Esto es estimulación al 100%. Paseamos por la sección de frutas y verduras, los colores y formas le llaman la atención. Las toca, las huele, las siente.

Para mi es mucho más fácil enseñarle en vivo y en directo las frutas y presentarle las verduras. Reconoce muchas de ellas. De pronto dice: choco! (choclo) y más (cuando ve los platanitos). Yo sonrío y soy feliz. Por el lado del yogurt debo tener cuidado, más de una vez se ha traído abajo las botellitas, busca el queso, sonríe y lo mete al carrito.

La parte que más le gusta es la de los cereales y pasitas, sabe cuál llevamos, le hago coger más de una bolsa para que pueda diferenciarlos. Los hace sonar. Un día abrió una bolsa y el trigo atómico llego hasta la entrada, nos reímos, que roche!

Va saludando a cuanta persona se le acerca y baila al compás de la música.

Me pide pancito o bizcotelas, las va comiendo. Luego es inevitable parar la situación, debo llevar más para casa. Por ratos lo acomodo en el carrito, como está más grande ya el cordón de seguridad no logra atraparlo. De cuando en cuando me tira un zapato al piso, así que debo estar mirando.

Casi siempre, antes de ir por las compras subimos a ver los juguetes, dejamos el carrito abajo y subimos por la escalera de madera, esa que me trae tantos recuerdos de mi niñez!!!!! El toca toooodo, enseñarle que no lo haga es tan difícil! Un día se escondió en las pelotas, nos dio ataque de risa. Los colores de las cajas le llaman la atención, todo le encanta. Le enseño que no siempre tenemos que comprar un juguete, debe aprender a valorar las cosas desde niño.

Es momento de ir a la caja, bajamos y subimos nuevamente al carrito. Aprovecho en enseñarle los números y sumamos.

No lo pongo en contacto con el dinero, ni lo ve, ni ve las monedas. No me gusta.

Le encanta el sonido que hacen las compras al pasar por el scanner y luego todo llega a la bolsa, las ponemos en su cochecito, me pide una galleta o pancita y regresamos a casa. En el camino repasamos lo que vimos y por la noche también.

La experiencia y contacto es la mejor forma de aprender. En la noche sueña, seguro recuerda lo que hicimos. Es feliz.

Enséñale jugando.