Vale la pena



Valieron la pena las 41 semanas de espera, incluso esos últimos días en donde caminar 15 minutos sabían a maratón. Valieron la pena las 36 horas de parto, y ese dolor, tan intenso como maravilloso, para ayudarte a salir y verte aparecer en mi pecho. ESE momento, corazón: valió toda la pena.

Vale la pena el sueño interrumpido. Pues mientras yo te doy mi leche, tú me das a cambio una sonrisa. “Barriga llena, corazón contento”, dicen. Pues, tu barriguita, princesa; pero mi corazón.

Valen la pena el dolor de espalda, la estrías, las ojeras; los cafés descafeinados (y a veces fríos), las cervezas sin alcohol y las tardes sin vino. Valen la pena las múltiples cambiadas de ropa (tuyas y mías), y con ellas las tantas tandas de lavandería; vale la pena el desorden que no se termina de ordenar. Valen la pena la incertidumbre y esos momentos en donde tu papi y yo no tenemos idea qué hacer para calmar tu llanto. Vale la pena el no ser más la única dueña de mis manos, brazos y tiempo. Valen la pena las duchas rápidas y las cenas por turnos (y sin sobre mesa). Todo todito vale la pena, mi amor.

Porque ese fue el trato: nosotros te cambiamos los pañales, pero tú nos cambias la vida*.

Felices 8 semanas, pequeña. Felices, sin duda.


*frasecita
robada de la publicidad, pero qué cierta caracho.