La generosidad en los niños


Mi sobrino es un niño muy feliz. Siempre está enseñándome a tomar la vida con una sonrisa pase lo que pase. El toma las noticias buenas con mucha alegría y euforia haciendo de las pequeñas cosas una fiesta: si nos vamos a la playa, si nos vamos a tomar helados, si vamos al parque a jugar. Claro que con noticias negativas también se siente un poco triste y frustrado pero al minuto se recupera y el mismo se alienta y dice: ¿mañana ya tía?

Fue una de las tantas veces que le ofrecí a llevarlo a comer pollito a la brasa, una de sus comidas preferidas junto al cebiche como buen peruano.  Me hacía muy feliz de verlo tan emocionado y él como siempre me decía: pero con mi hermanita tía. Y yo le respondía: ¡por supuesto!. Pero esta vez la petición no quedó allí. El  siguió con su lista de invitados: y con mis hermanitos mayores, y con mi mami, y con mi abuelita.

"¡claro que sí!, pero chato allí aguanta tu carro porque tampoco soy millonaria”, le respondí.

 Y él con esa sonrisa tan dulce y tierna que tiene me miraba y pensaba en alguien más para ponerme en aprietos. Y se acordó que su tía, la del cabello blanco que recién había conocido, estaba de visita en la casa de la abuelita y también quiso que vaya.

“ la tía no puede ir porque seguro ya está descansando, ella duerme súper temprano y ya son las 8 de la noche. Además tampoco tengo tanta plata chato!, le decía exagerando.

Cuando le dije que no, la expresión en su rostro cambió, frunció las cejas y un poco enojado me dijo: “Yo quiero que vaya mi tía porque nunca hemos salido con ella. Voy a romper mi chanchito para que le pagues su plato”

Me quedé helada. Súper avergonzada. Cómo es que un niño de seis años puede ser tan generoso y ser capaz de gastar los ahorros que había estado ahorrando por meses para su juego de internet. ¡Cómo decirle que no! Desde ese día, presté atención especial en él. Qué es lo diferente que sus padres le han enseñado  que no tienen sus otros hermanos, que son buenos chicos, sí, pero Daniel o mi chato como le digo tiene un ángel muy especial. Siempre estaba preocupándose por los demás, al pendiente si están cómodos o si todos reciben por igual sus porciones de torta. 

Me pregunto: ¿cómo hacer para que nazcan los sentimientos de generosidad y compasión en mis hijos? Pues yo creo que lo principal es con el ejemplo, si ve que tú compartes él aprenderá a hacerlo.

Ya sea con las personas a tu alrededor o a una institución especial. Puedes comenzar en tu hogar, por ejemplo cuando son pequeños puedes ofrecerle de tu plato una papita frita,  otro ejemplo es darle a uno de tus hijos dos galletitas y él que le dé a su hermanito. Cuando son más grandes hacer que escoja el mismo la ropa que ya no le queda para un centro de caridad es una excelente idea. O quizá visitando a alguien que esté enfermo llevándole un regalito. Hay muchas maneras. Te invito que hagas esto con tus niños, que la palabra compartir sea usada diariamente en tu casa y verás que ellos aprenderán lo que significa.


¿Tienes algún otro ejemplo que practicas con tus niños?