Esa cama que era mi cama




Cuando pasas de vivir solo a vivir de a tres lo primero que puedes pensar es en aplicar matemáticas simples: cuando vives solo tu espacio es Y, entonces cuando vives de a tres tu espacio debería ser Y/3. ERROR, hay que entender que en este mundo la lógica no funciona, y los espacios se pelean a patadas, manotazos y babas.

Escribo esto no en son de queja, pero dentro de todas las recompensas que significa compartir tu vida con las personas que amas, pocos son los que alzan la voz a reclamar lo que seguramente la mayoría de los padres han perdido. Queremos, exigimos, demandamos, y hasta suplicamos que nos den un poco más de 10 cm en nuestras camas. Hemos dormido con pies en nuestras caras, con dedos clavados en nuestras costillas, nos han llenado de baba, nos han vomitado y hasta nos han botado de la cama (y les juro que hasta vi que me sonreían con cara de “lo logré”). Nos han hecho de todo y aquí seguimos, aunque a veces seguimos más en el sillón de la sala o incluso en la cama del bebé.

No es broma, hay estudios y se han hecho hasta manuales de cómo los bebes de alguna manera planean secretamente como adueñarse de tu cama, sino miren atentamente la siguiente gráfica. Ente “la casita del perro” y “el hacha del infierno” seguramente más de uno puede sentirse identificado.


De hecho, haber comprado una cuna cama terminó siendo la mejor idea, un poco chica para mí pero sigue siendo mi mejor plan b para esas veces que termino siendo un visitante en mi propio cuarto. Pero de nuevo repito, no es una queja, es un llamado de atención para que no se olviden de nosotros, porque algún día nos cobraremos todas.