No estoy llenando ningún vacío

¿A veces te pasa que te sientes súper culpable por no estar más tiempo con tus hijos? Y en verdad… ¿A quién no le gustaría divertirse un montón a diario con sus bebés? Poder desayunar, almorzar y cenar con ellos sin que nada no los impida. Pero no todo se puede. El trabajo, los estudios y las diferentes cosas de la vida no nos permiten estar al 100% con nuestros hijos como uno quisiera. Pero SIEMPRE (o la mayoría de veces) nos sentimos culpables.
Seas papá o mamá… te duele, te pone triste o hasta te enfurece perderte varias cosas con tus hijos y probablemente sepas que a ellos también les pone triste o les enoja (a veces mucho) no verte en todas sus actividades o en su día a día. Y bueno, tratamos de “llenar esos vacíos” a veces, ¿no?



A mí me ha pasado. Mis horarios varían muchísimo ciclo a ciclo y era (sí, era) muy difícil para mí separarme de Gabriel. Me daba pena, pensaba que mi hijito sufría y a su manera, con sus rabietas me lo hacía saber. Hubo un par de berrinches en el nido a comienzo de ciclo que me incomodaron mucho… Yo sentía culpa doble. Gabriel de por sí ve muy poco a su papá porque él vive en provincia y decía… Ya tiene suficiente, ¿encima ahora me voy a ir yo? Hablé con él y le dije que si se esforzaba en portarse bien yo me iba a esforzar en comprarle una vez por semana unos muñequitos que él me pedía.
Lo mismo le pasó a su papá. Ya se imaginarán la culpa del pobre, ¿no? Entonces apenas llegaba íbamos a comprarle juguetes y de cierta manera… disculparse por el tiempo que no estaba con él. Y bueno… al poco tiempo pudimos ver lo equivocados que estábamos. Gabriel comenzó a relacionar la llegada de su papá con la compra de nuevos juguetes y sus esfuerzos con premios.
Lo estábamos fregando… ¡De verdad! Yo lo sentía así y su actitud me lo demostraba. El hecho de que los niños relacionen una buena acción con un premio no permite que interioricen lo bueno de dicha acción. Comprarles un juguete o la colección entera no va a hacer que sientan menos nuestra ausencia o no se sientan tristes. Sí pues… les va a alegrar mucho tener ese juguete y ¿cuánto les va a durar esa felicidad? Sí algo les molesta, los pone triste o los lastima… el juguete no los va a aliviar.
Nosotros hemos aprendido a aceptar lo que nos ha tocado. Primero Alberto Luis y yo… y ahora estamos trabajando eso con Gabriel. Sí… suena muy crudo y difícil porque él tiene menos de tres años y no le podemos pedir que asimile tan rápido. Lo primero es saber que nos ha tocado vivir estos primeros años separados y que mamá tiene que ir a clases en diferentes horas de su día. Que él va a pasar mucho tiempo con la yeya, en el nido y que algunos fines de semana va a pasarlos con mamá y otros con toda su familia. La idea es explicarle que esta situación no va a ser para siempre y pronto estaremos todos juntos (de verdad, ¡¡¡¡¡ya pronto!!!!! ☺ ).
Con todo esto no quiero decir que no les compremos juguetes a nuestros hijos. Podemos hacerlo cuando nos provoque y llevárselo de regalo. Tal vez diciendo “Lo vi y pensé que te podría gustar” y no “Esto es porque te portaste bien” o “porque comiste toda la comida”.

Nuestros hijos son muy hábiles e inteligentes. La idea es acompañarlos en las situaciones felices y en las duras que les toca vivir por nuestras diferentes actividades. Las rabietas van a seguir y es su manera de reclamar la ausencia o hacernos saber su molestia. ¿Qué tal si los acompañamos ahí? Un abrazo de contención, que les diga “yo estoy aquí y te entiendo” o alentarlos a que nos cuenten qué les molesta o porqué están tan fastidiados. Y si ya sabemos por qué… Conversarlo con ellos siempre, sin prometer que si entienden habrá un premio. Solo dejarles muy claro que no están solos.