¿TU pediatra o el de TU hijo?


Me encantaría aprender a utilizar las pócimas de nuestras ancestros, para curar enfermedades: vinagre Bully, jarabe de cebolla con ajo, aguijón de abeja viva, etc. No es que menosprecie la medicina tradicional, nada más lejos de la realidad –mis puntos en Mi Farma lo comprueban, je–, pero no me van a negar que encontrar un pediatra a nuestra medida es uno de los primeros problemas que enfrentamos como padres.

Bien podrían funcionar los contactos, las recomendaciones y, si somos un poco ingenuos, las notas sobre los pediatras más rankeados. Pero si el médico en cuestión no nos comprende, ya seamos obsesivos o relajados, no estaremos tranquilos nunca.

Stop. ¿Por qué digo “no nos comprende”? ¿No se supone que a quien debe comprender es al niño?

Esteeee… sí, claro, también buscamos que exista esa química –tampoco se trata de hacer que las visitas al doctor sean una tortura–, pero si nos ponemos la mano en el pecho y la otra en el bolsillo derecho, necesitamos –al menos las madres– que cumpla nuestro perfil. El mío, por ejemplo, es:

- Que me conteste SIEMPRE el teléfono –o me devuelva la llamada–.
- Que se preocupe de mi bienestar emocional y me diga “tranquila, no te desesperes”.
- Que me cambie la medicina si es necesario. ¡Resultados ASAP!
- Que no me grite cuando le “sugiero” que podría darle otra cosa. Je.

(Por cierto, sí existen médicos santos que cumplen estos requerimientos… felizmente).

Total, que el pediatra es para papá y mamá (más para mamá, diría yo).
Ustedes, ¿tienen algún perfil de pediatra idóneo para calmar sus ansiedades?