Se busca nombre...


Con Cristina fue muy fácil. Estaba por casarme y fui a ver a mi ahijada de 6 años a su casa. Ella es la mayor de 4 hermanos y tiene el don de arrancarle a Papá Dios grandes favores. Por eso, le pedí que rezara para que mi primera hija fuera una niña. Su mamá me dijo: “Ya, pero tienes que ponerle nombre, el encargo se pide completo, je”.

Tuve 2 minutos para decidir con mi entonces novio –por teléfono, ya que no estaba ahí– el nombre de nuestra primogénita, la primera nieta de ambas familias, el primer fruto de nuestro amor. ¡No se valía! ¡Debíamos tener más tiempo! ¡Socorro!

Pero el milagro de la vida de Cris realmente empezó allí, porque no nos costó nada, o casi nada, deliberar. “Cristina” sería su nombre. Quizás por eso supimos, desde el día en que me enteré de que estaba esperándola, que sería niña.

En este segundo embarazo, con el bebé apretándome la vejiga, estamos en un dilema. Los nombres que le gustan a papá no me gustan a mí, y al revés. La única firme es Cristina: Ella quiere que se llame “Lorenzo”, aunque por ahora se conforma con decirle “bebé”.

Ya revisamos a la lista de nombres aragoneses – tierra de mi marido–, y nada.

Ya acudimos a la lista de nombres populares 2016, y nada.

Ya consultamos con nuestro corazón… y nada.

Estamos a punto de claudicar de nuestra decisión de que no tenga el nombre de nadie de la familia… pero seguimos sin flaquear.

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?