Crónica de un bautizo anunciado [Parte 2]


Y bautizamos a la princesa… ¡por fin!

Antes de mudarnos a Lima tuvimos una pequeña ceremonia de bendición con los padres de la Iglesia Española de París. Con ellos nos preparamos para celebrar nuestro matrimonio y deseábamos hacer algo especial antes de irnos. Ya que sabíamos que el bautizo seria en Lima, nos propusieron bendecir a nuestra hija en una ceremonia con nuestros amigos más cercanos. Luego de la ceremonia nos regalaron dos velas para poder usarlas en su bautizo.

Este fue el inicio de los tantos detalles que nos acompañaron ese día.

Siguiendo con el orden cronológico de las cosas, deseábamos también que sea el padre que nos casó quien realice el bautizo. Este padre es muy especial para nosotros. Lo conocimos poco tiempo antes de nuestra boda pero bastaron unas cuantas reuniones para que nos entienda, nos conozca y nos guíe en el sacramento del matrimonio.

Confieso que ya no soy la "ferviente" católica que fui en mi adolescencia [participaba en un grupo parroquial, hacia retiros, daba catequesis, hacia full obras sociales con la iglesia] pero siempre tengo a mi fe muy presente. En París sobretodo, encontramos unos padres maravillosos que nos motivaban a ir cada domingo a misa y escucharlos atentamente.

Pero me desvío del tema, era entonces lógico que el padre que nos unió, conozca y bautice a nuestra hija.

Cuando seguimos las charlas con los padrinos, nos contó que antiguamente la gente esperaba en la puerta de la iglesia cuando había un bautizo e ingresaban todos juntos dandole la bienvenida al futuro bautizado. Nos pareció un detalle muy bonito y poético. Y conociéndome el padre como me gustan los detalles, accedió a repetir esta tradición con nosotros.

Así que ese día, todos esperamos afuera que llegara el padre y la ceremonia comenzó en las puertas de la iglesia. Luego de darnos la bienvenida, entramos todos juntos mientras el coro (el mismo de nuestra boda) cantaba una canción de entrada.







El padre nos dio algo de libertad durante el sacramento y pudimos leer la primera lectura  (como hicimos en nuestra boda, pero esta vez con nuestra hija en brazos). Usé un vestido de lactancia que diseñamos con la marca de ropa que tenemos mi esposo y yo [Mamá au lait] y cayó a pelo porque la gorda estuvo prendida al pecho media ceremonia. Logró quedarse medio dormida durante una parte, hasta que llegó el momento del bautizo en si. 

Feliz ella con el agua, no lloró, no se quejó y el padre invitó a los padrinos a dejarle un mensaje a su nueva ahijada. Nos sorprendió cuando nos alcanzó el micro a nosotros para poder decirle algo a nuestra hija y la verdad es que la garganta se me cerró y mis ojos se llenaron de lágrimas. Lo único que atiné a decir fue: "Gracias a ella por elegirnos a nosotros como padres". Mi esposo tampoco logró decir mucho, nos ganó la emoción.

Para terminar la ceremonia, el coro tocó (durante las fotos) "Here comes the sun" de The Beatles con un violonchelo y piano. Todo salió hermoso, como queríamos.

Ya en casa para celebrar, la decoración fue sencilla. Imprimí fotos de la princesa y las pegué en unas bases de cupcakes que conseguí en Makro.



Con la madrina, hicimos galletas de chispas de chocolate y galletas de angelitos un día antes [que fueron un éxito] y envolvimos besos de moza con papel de seda para terminar de decorar la mesa. Para darle a todo un toque especial, mandé a hacer una torta (que quedó muy rica) con el nombre de mi gorda y una cruz en alusión al bautizo.



Los capillos los hicimos con una imprenta de confianza en el centro de Lima.



Cuando buscábamos el vestido de la princesa, no encontrábamos muchos que nos gusten para su edad. Habían unos preciosos pero para bebés menores de 6 meses. Encontramos el suyo en la tienda medio escondida y sin nombre en el segundo nivel del centro comercial Chacarilla.

Por último, los zapatitos. No quería, para ser sincera, comprarle zapatos que solo use una vez y/o que tal vez al ser muy nuevos le hagan doler el pie así que fui a MOR a MOR a comprarle un par de zapatillas blancas como el modelo que ya tenía que se llama Victoria y del cual somos fans. ¡¡Y no había más en su talla!! Después de mucha reflexión [y porque de verdad son nuestros zapatos favoritos] optamos por teñir los que ya tenía. Y la gorda feliz, caminó y estuvo súper cómoda con las zapatillas que siempre usa pero con distinto color.




Pasamos un lindo día, muy emotivo y rodeados de familia y amigos, tal cual lo deseábamos.

Doy gracias a Dios por haberme bendecido con una niña tan risueña, tan despierta...tan perfecta para nosotros.