Diluida en los confines de la maternidad

El dilema de una madre a tiempo completo que necesita espacio para sí misma. ¿A quién le suena familiar?
  
Ha pasado un año y un mes desde que nació Amadeo. Soy una madre a tiempo completo creo que“suficientemente buena”, como diría el psicoanalista Winnicott. El inconveniente es que me he olvidado de mí. De hecho, recién ahora que mi bebé va ganando un poquito de independencia, empiezo a recordarme. Hace más de 365 días le doy  a Amadeo todo mi alma y cada una de mis mañanas, tardes y noches. ¿Y ahora?  ¿Dónde estoy yo parada? Me siento diluida en las aguas cristalinas, turbias, mansas y bravas de la maternidad. Y con una carrera profesional y un ingreso económico en suspenso. Es que es muy fácil perderse en la maternidad.  Es hermosa.  Uno encuentra allí muchas satisfacciones.  Además durante los primeros años los bebés nos necesitan muchísimo y la demanda es constante. Pero veo que mi bebé crece muy rápido verdaderamente, y me viene un bichito incómodo del futuro: ¿qué ilusiones mantengo más allá de la crianza de mi bebé? si  an otras que no den porque n bebe cada vez me vaya necesitando menos. ...ros de hinojo, . y habran otras que no den porque n¿Qué pasará conmigo cuando él cada vez me vaya necesitando menos?

Comprendo que esta es una nueva etapa, que sigo siendo yo solo que en  mi versión de mamá y ahora un poquito más adulta, quizá. Pero mientras una va ganando poco a poco algo de tiempo libre,  a veces se pregunta cosas del tipo: ¿cómo me he reacomodado realmente a esta nueva etapa?  Ya sé lo que es ser mamá en carne propia; si tuviera la posibilidad de retroceder el tiempo, elegiría serlo nuevamente a corazón abierto, pero caray, cómo se añoran ciertos momentos para uno misma sin un hijo a cargo, ¿no? ¿Puedo empezar a recuperar algo de eso?

Reencontrarnos más allá de la maternidad, no dejar de ser mujeres al mismo tiempo que madres,  puede tardar; a algunos madres les demora unos meses, a otras algunos años y hay quienes se sumergen completamente en ella toda la vida.  Y son muy felices.  Pero  me gustaría enseñarle a Amadeo con mi ejemplo que el amor incondicional no es sumisión ni viene necesariamente con parentesis o con el descuido de uno mismo;  que los intereses, necesidades o deseos de cada miembro de la familia son compatibles; se acogen y conviven sin que uno esté en detrimento del otro.


Mantener un espacio que nada tenga que ver con los hijos y tener un tiempo a solas para romper la monotonía y las exigencias de la crianza  puede ser urgente y vital para  encontrar un equilibrio. Aunque igual nuestras prioridades cambian sustancialmente cuando se es mamá, la mente necesita dispararse por distintos confines.  Ser madre o padre puede ser una experiencia muy difícil.  Pero también puede ser una oportunidad para reencontrarnos y redefinirnos con mucho más bienestar y plenitud, ¿no creen? ¿Y ahora, por donde se supone que uno empieza? ¿Cómo hicieron ustedes?