Criando hijos o pequeños soldados


Hace unas semanas mi esposo y yo fuimos “evaluados” como parte del proceso de admisión del Colegio de Ana Paula y entre otras cosas, como parte de este proceso nos entregaron un cuestionario con preguntas relacionadas a la crianza, estas preguntas eran básicamente situaciones cotidianas con tres o cuatro opciones para responder de qué forma actuaríamos en cada caso. Al ir respondiendo cada una de estas preguntas fue inevitable examinarnos acerca de cómo estábamos educando a nuestra hija, y recuerdo también que este cuestionario tenía una nota: Sea Honesto, No hay respuestas correctas. Pero para nosotros no era tan simple, ¿no hay respuesta correcta?, ¿lo estábamos haciendo bien?, ¿cómo saberlo? Luego ya en casa tocamos el tema y nos dimos cuenta que con el tiempo nuestra idea de crianza ha ido evolucionando, si bien cuando nos enteramos que seriamos padres teníamos claras algunas cosas con respecto a la crianza de nuestra hija en cuanto a los valores, los principios y disciplina que queríamos inculcarle la verdad es que uno aprende sobre la marcha, no cómo educar a un hijo, sino cómo educar al hijo que tienes.

Con Ana Paula muchas de nuestra teorías e ideas han ido cambiando con el tiempo en cuanto a la manera de abordar cada situación, su carácter firme y su determinación no nos han hecho fácil la tarea pero en el camino hemos ido descubriendo la belleza interior de nuestra hija, una personalidad fuerte que como un diamante en bruto debe ser pulida con cuidado y esmero. ¿Si lo estamos haciendo bien? No siempre, y es que cuando crías hijos a veces te puedes equivocar, pero eso sólo quiere decir que estás aprendiendo. Y es que cada hijo es un mundo, cada uno viene con un temperamento y una personalidad única y en nuestro caso, descubrir el de nuestra hija e ir conociéndola nos ha ayudado mucho a la hora de enseñarle, corregirla y no perder la calma (bueno, no tan seguido).

Poner límites pero sin limitarla, por un tiempo nuestra obsesión por poner límites nos llevó a ser inflexibles hasta con las cosas más insignificantes, se podría decir que tuvimos nuestra época de “control freaks”, los límites están bien pero no al punto de criar pequeños soldados y vivir en una batalla constante para que se hagan las cosas a nuestra manera, no queremos convertir nuestro hogar en una especia de cuartel en el que mi hija sólo siga indicaciones por miedo o de forma mecánica, anulándola y no permitiéndole ser, descubrir y aprender. Mi esposo tiene una anécdota que ilustra un poco esto: Cuando Ana Paula empezó a usar las témperas, él quiso enseñarle a usarlas con pulcritud teniendo cuidado de no mezclarlas y todo eso, pues intento fallido, igual las mezclaba, entonces él decidió dejar de preocuparse por las témperas mezcladas y enfocarse en la pintura que ella estaba haciendo y alentarla, ahora pintar con temperas se ha vuelto una de las actividades favoritas de mi hija y lo hace cada vez mejor.

Está bien no tratar de controlar todo y dejar que ella aprenda haciendo, aunque eso signifique stickers pegados en la pared, bloques regados en el piso o que hayan actividades que nos demoren más tiempo de lo normal porque ella decidió hacerlo por su cuenta o a su manera, puede parecer inconveniente para nuestra agenda pero a la larga creamos en ella confianza, creatividad e independencia para hacer las cosas por sí misma y descubrir aquello que le gusta y le apasiona.



Somos conscientes que criar un hijo es una tremenda responsabilidad, es por eso que aunque hemos comprendido que es mejor enseñar que sólo dar órdenes o que es mejor guiar y acompañar que obligar por la fuerza, hay cosas que consideramos no negociables en la crianza como el respeto y la corrección, si es que hay un mal comportamiento. No es un camino ni rápido ni fácil, es más, es agotador, algunas veces Ana Paula va a dar la contra pero otras muchas no será así, un día lo logramos y a la vuelta de la esquina se presenta otra situación desafiante que nos puede llevar a perder la calma y volvemos a empezar, pero no podemos desmayar ni tirar la toalla en esto, pues creemos que aunque los resultados no sean inmediatos vale la pena y el esfuerzo. Este cuestionario que nos hicieron llenar, nos ayudó a evaluarnos como padres, sabemos que no tenemos todas las respuestas sobre crianza, pero sí hay cosas que tenemos por seguro, primero que no podemos eludir la responsabilidad de formar y educar a nuestra hijita por su propio bien, que siempre debemos demostrarle amor aún en medio de la corrección,  aprender a seguir nuestro instinto y pedirle a Dios mucha sabiduría, tan necesaria para este encargo tan grande.