Tu bebé ve más allá de lo evidente


Recordé cuando era niña y mi hermano menor, Álvaro, era mi muñeco. Me sentía su mami y no pude evitar llorar al hacer memoria –ando sensible, lo siento–.

Me eché en la cama con Cristina, para arrullarla, y le dije:

- Hijita, es hermoso tener hermanos. Si mamá tiene un bebé en su barriga ahorita, es porque quiero que tú y él sean muy felices el uno con el otro –y si vienen más, ¡bienvenidos!–. Cuando nazca, habrá momentos en los que mamá tendrá que atender al bebé, porque al comienzo no caminará. También tendré que prepararle su teté, me ayudarás con eso, ¿no?

- Sí.

- Y cuando se duerma, iré a jugar contigo. Tú me vas a avisar cuando llore, ¿cierto?

- Sí.

Luego, Cris pareció dormirse y yo, la verdad, pensé que sus “sí” habían sido un tanto automáticos, como un “see, see, mamá, ya no friegues”. Hasta que dijo:

- ¡Y su pañal!

Descubrí que me había seguido toda la conversación: mamá había enumerado las tareas con el bebé y se había olvidado de algo importantísimo: el cambio de pañal.

Desde hace un tiempo, Cristina tiene este tipo de respuestas o comentarios que lo dejan a uno pensando cuánto es lo que pensamos que nos entienden, y cuánto es lo que realmente perciben, captan, escuchan, asimilan.

Por eso, ya no tengo reparos en darle explicaciones intrincadas de las cosas –“hija, el agua se hierve porque las bacterias…”– ya que estoy segura de que su cabecita es como el closet de cualquier mujer: entra todo y lo más inverosímil aparece cuando más lo necesitas (y menos lo esperabas).


Madre: suelta tu speech con confianza. El DHA, el ARA, el ABC, DEF y demás han cambiado nuestros tiempos.