Importancia de decirles adiós



Debo confesar, antes que nada, que a mí también me cuestan las despedidas. No sé si tanto como a mi hijo, pero me cuestan. A mí también me costó entender lo que les quiero contar, y más aún ponerlo en práctica.

Gabriel va hace más de un año al nido. Y si bien, mi mami y yo colaboramos en el proceso de adaptación y nos alegró mucho que se acostumbre al poco tiempo a quedarse solo (sin nuestra compañía), nos estábamos engañando.

Sí, Gabriel se quedaba tranquilo y feliz. Jugaba todo el día, y se emocionaba por ir a su nido. Pero yo no estaba haciendo algo bien.

Cuando tenía la oportunidad de dejarlo, esperaba a que se distraiga y me iba casi en puntitas para que no escuchara mis pasos… Me escapaba. Sí, no le decía chau y de pronto desaparecía.

Ahora lo pienso y me preguntó qué tanto habrá pasado por su mente al momento de no verme… Y es que sí. Tal vez los niños se quedan tranquilos, y en realidad la diversión los distrae, pero todo genera inseguridad.

En realidad, era quien quería engañarme y no tener que vivir la separación con un chau. ¡qué trágico!, ¿no?

A los niños estas “escapadas” les genera desconcierto, y desconfianza hacia uno… Es por ello que es NECESARIO y justo para ellos (y de verdad, para ti) decir un adiós. Quisiera ayudar con algunas recomendaciones que me sirvieron a mí:

1.      Comienza con explicarle qué va a pasar. Cuando vayan camino al nido, ya sea en carro o caminando, dile que vas a acompañarlo un rato y luego te vas a ir a hacer lo que tienes que hacer (regresar a la casa, trabajar o estudiar) esto lo irá preparando y ahí podrías pedirle un beso o un abrazo para que no sea al momento que te vayas.
2.      Procura llegar temprano al nido. Si a tu hijo/hija le cuesta la separación, llega por lo menos 10 minutos antes del inicio de actividades, ya que normalmente en ese lapso hay juego libre y tiempo de adaptarse con el grupo. Si llegas con las justas, será más complicado que se incluya a la actividad si no está muy dispuesto a separarse.
3.      Siempre dile la verdad. Explícale la noche anterior, o el mismo día quién lo va a recoger, a qué hora vas a llegar tú a la casa o a quién le toca llevarlo la mañana siguiente. Esto también los ayuda a preparase y confiará siempre en lo que tú le dices.
4.      Recuérdale lo que dijiste. Esto es más o menos una tregua que tengo con su miss y mi mami. Siempre que algo sencillo pasa (como cuando voy yo a recogerlo) se le recuerda que eso le habías dicho por la mañana y lo estás cumpliendo.
5.      Reconoce su esfuerzo. Uno puede dar por hecho que tiene que comprender, o que tiene que acostumbrarse. No, no es así. Hay logros que para tus niños pueden ser enormes y debes reconocerlos. Si se han quedado tranquilos, si han colaborado, felicítalos. Diles lo orgulloso que estás de él/ella y lo harás sentir bien.
6.      Dale seguridad. Es totalmente cierto que los niños absorben todo lo que nosotros transmitimos. Si tú les muestras tranquilidad, ellos van a sentir eso y los va a ayudar mucho en el proceso.
7.      Háblales de las actividades del nido cuando llegas a la casa o antes de dormir. Comparte la diversión con él así no estés presente. Deja que te cuente qué hizo, pregunta por sus amigos, por su miss y recuérdale lo lindo que pasó durante el día.

Sí, si te despides seguramente van a llorar, patalear, hacer puchero o estar tristes pero van a saber que te fuiste de vuelta a casa, a trabajar, estudiar o lo que sea que tengas que hacer. Van a conocer qué va a pasar. Y créeme, tú vas a sentirte más confiada, más tranquila. Si es necesario, llama al nido y pregunta luego de un rato cómo está, o cómo ha ido en el día, esto te hará sentir mejor y te aseguro la respuesta te hará feliz.


No hay que tener miedo de decir adiós. Cuesta, cuesta mucho. Yo he llorado dejando a Gabriel algunas veces y creo que es normal, pero la seguridad que tengo con su nido, me permite explicarle tranquila y dejarlo tranquilo a él. Diciendo la verdad y dejándole un besote hasta que regrese. 

Fuente de foto: http://www.feminiya.com/