Sonríe a la cámara



Me arrepiento de no haber disfrutado ese momento cara a cara con mi hija por querer capturar el “momento” en video con mi celular, ¿algo irónico no? por capturar un evento especial de la vida de mi hija me perdí de disfrutar el instante, de vivirlo y compartirlo con ella. Me pasó hace poco en la celebración por el Día de la Madre del nido de Ana Paula, como yo no sabía cómo iba a reaccionar ella si me veía en el momento de su presentación, traté de pasar desapercibida, no quería que suceda lo de actuaciones anteriores, que por verme le dé roche, que le dé vergüenza y al final no baile ni nada, no quería que pase eso, pero cuando su salón salió a bailar no me di cuenta que mi hijita sí quería verme, que me buscaba con la mirada y con una sonrisa de oreja a oreja, eso sí lo tengo en foto y grabado en video, pero yo no me di cuenta, ¿porqué? porque mientras ella me buscaba sonriente yo estaba prácticamente oculta detrás de mi celular, me veía pero no veía mi rostro y tampoco una respuesta de mi parte a su alegría. Yo estaba allí pero de de alguna forma no estaba, mi obsesión por grabar cada momento evitó que preste atención, que responda adecuadamente a su emoción, fue sólo un instante, una sonrisa, una sensación perdida.

Me di cuenta poco después, cuando su carita cambió de súper sonriente a seria, ¿qué pasó? pensé y fue en ese microsegundo que me di cuenta, “te está sonriendo y no respondes, no te ve, te estás tapando la cara con el celular”, me dije a mi misma, casi regañándome , bajé un poco el celular y pude verla frente a frente, le sonreí y saludé con todo el amor de mi corazón y pude ver cómo su rostro se llenó nuevamente de luz, de alegría, y siguió bailando más animada, no podía creer lo importante que era para ella ese gesto, a ella no le importaba que la grabe, ella quería que su mamá la vea, me sentí la persona más feliz y especial del mundo y súper orgullosa, pues otra cosa que me sorprendió es, que a diferencia del año pasado, este año puedo ver que mi hija está perdiendo el pánico escénico, la verdad es que se me caía la baba por ella, ustedes me entienden.

Llegué a grabar toda su actuación, eso sí, con una sola mano y sin taparme la cara con el celular y lo más importante sin perder el contacto visual con ella y es que nuestros hijos quieren compartir estos momentos con sus padres y no con una cámara, mirarnos a los ojos, ver nuestras reacciones, nuestras sonrisas, sentir nuestra aprobación y tener esa complicidad que existe entre padres e hijos. Si me pongo un poco en su lugar la entiendo y reflexiono en esto, pues aunque es lindo tener fotos y videos de nuestros hijos, nada se compara con vivir el momento con nuestros propios ojos y no a través del lente de una cámara, capturarlo en nuestra memoria, hacerlo vívido en nuestros recuerdos. No digo que no hay que tomar fotos ni videos, a mi esposo y a mí nos encanta tener registrado los momentos especiales que vivimos con nuestra hija y compartirlo con los familiares y amigos, pero no quiero que sea lo principal o lo más importante, no quiero arruinar nuestros momentos juntos por perseguir a mi hija con una cámara, pues eso también los aburre y tampoco quiero vivir la vida a través de la pantalla del celular.


Y es que cuando olvidamos observar, ver, contemplar y disfrutar la realidad, por tomar la foto o grabar el video, esos momentos se vuelven realidades perdidas, son captadas por un medio digital pero no experimentadas por nosotros mismos, se pierden y no vuelven a repetirse. Y es que las sensaciones no las puedes capturar en una cámara, sólo la imagen.  Ahora que veo ese video y las fotos no sólo me acuerdo de la linda presentación de mi hijita sino que es el recuerdo de que ese día aprendí una lección, que no me voy a perder esa sonrisa otra vez, esa sonrisa es sólo para mí, no para la cámara.