La más linda de todas


Todas las mamás estamos convencidas que nuestros hijos son los más lindos. Estamos seguras que no hay en este mundo, niños o niñas más guap@s que los nuestros, o que si los hay, los nuestros tienen un “je ne sais quoi” que les da ese plus y los vuelve inigualables. Las madres no somos objetivas cuando se trata de evaluar la belleza y las cualidades de nuestros hijos. Y eso, no tiene nada de malo y, en mi opinión, incluso está muy bien pues alimenta el autoestima de nuestros pequeños.

El problema está cuando alardeamos sobre la belleza de nuestros hijos en público. Y acá no me refiero a publicar la foto de nuestro hij@ en Facebook y poner un comentario tipo: “el más churro del mundo” o, “la princesa más bella de todas”. Eso pasa piola, es tu muro y puedes poner lo que quieras. Ya tus amigos te darán like porque te quieren, porque en verdad tus hijos les parecen bonitos, o porque sienten simpatía por tu ceguera selectiva. Eso no me preocupa tanto. Aunque, debo confesar de un par de ocasiones en que alguna amiga publicó la foto de su hijo con la pregunta: ¿díganme si no es una belleza? Y me provocó responderle: pues, no. No lo es.

Pero, ese no es el problema. El problema es cuando en una situación pública con otros niños presentes, o para ser más específica con una cola de niñas esperando su turno para ser maquilladas y peinadas en el mini spa de una fiesta infantil llegas y a voz en cuello gritas: ¡¡¡acá está la más bonita de todas!!! Y obviamente, te refieres a tu hija y no a las otras 10 niñitas que se quedaron tristes.

Eso me pasó hace unos días en una fiesta infantil. Mi hija de 3.5 años estaba en la cola para que la maquillen y de pronto viene una mamá, gritando “la más bonita de todas, está acá”.” La más linda eres tú”. Y por supuesto, el padre de la niña atrás con el mismo discurso. De más está decir, que me provocó gritar que no era así, que mi hija era LA más linda (y estoy segura que lo mismo le pasó a las otras mamás que estaban ahí). Pero, no es eso lo más grave, si no el hecho que todas las niñitas que escucharon eso se sintieron afectadas.


Cómo decía líneas arriba, no tiene nada de malo decirle a nuestros hijos lo lindo que son, pero al hacerlo en público tenemos que tener mucho cuidado de no herir a las personas que están por allá y más aún, si son niños. Además, ¿qué es lo que estamos generando en nuestros hijos? ¿Qué se vuelvan vanos? ¿Qué se vuelvan unos “sobrados”? ¿Que tengan un complejo de superioridad que los vuelva insoportables? Dudo mucho que queramos eso para nuestros hijos. Pero, debemos andar con cuidado con lo que les decimos y el público al que se lo decimos.