Cuando te das cuenta dónde estás


Cuando tienes un hijo las cosas se aceleran. Los años, los tiempos, la salida de dinero, las salidas a lugares, tu profesión. Todo todo. 
Estoy acá, a mis 21 años, atravesando parciales y pensando que será de mí y de mi familia en un tiempo. 
Siempre supe que para esta época estaría pensando en mis prácticas, en una maestría después, en avanzar mis proyectos y pensar en mí. Bueno, sí es así. Todo es así.. Excepto que no sólo pienso en mí. Pienso por dos, por tres y por cuatro. Pienso en mi familia y en qué vamos a hacer. 
A mis inexperimentados 21, ando viendo opciones de colegios y diversas metodologías, pienso en precios de autos y calculando cuánto me demoraré en pagar un departamento. Sueño con una empresa para trabajar (de esas que están en la lista de Great place to work) y busco al mismo tiempo la felicidad futura de mi familia.
A mi edad, cuando muchos otros están creando como yo su cv, yo estoy haciendo eso y viendo papeleo para la admisión al cole de mi hijo de 2 años 7 meses (increíble, no?).

Ando evaluando positivamente ideas de negocio, de inversión y buscando maneras para seguir creciendo junto a mi familia. 

Y cuando ves cosas como éstas.. Te pones a analizar que hace unos pocos años esto no pasaba por tu mente (ni siquiera cuando Gabriel estaba en mi panza)... No evaluabas posibilidades y dejabas que todo fluya.. 

Nadie te dice lo complicado que es ser papás en estos términos... Nadie te explica qué vas a afrontar y no se te atreve a advertirte lo que se viene encima. 

Pero tampoco, nunca logras entender el significado de felicidad hasta que miras atrás y ves cuánto has avanzado. Nunca logras conocer lo gratificante que es ver crecer a tu familia hasta que los ves en estas situaciones. 

Antes, de todo esto, no valoraba esfuerzos y no agradecía lo suficiente por tener a mis papás a mi lado.. Antes no conocía la importancia de la responsabilidad y el compromiso. Nunca antes fue tan increíble escuchar  a alguien decirte que está ¡muy bien! Y que te ama muchísimo.

No, nunca antes las cosas habían sido tan difíciles… Pero tampoco antes, había tenido un reto tan lindo, tan acompañado y lleno de felicidad.