Yo también soy hija


Hace un par de días me preguntaron si extrañaba a mi mamá. Y mi respuesta fue: todos los días.

Así es, extraño a mi mamá cada uno de los días desde que se fue. Incluso creo que mi mamá me hace aún más falta con el trascurso del tiempo. Necesito conversar con ella. Necesito que me acurruque. Necesito que me diga que todo estará bien. Necesito que me quite el miedo de muchas cosas que siento.

Me acuerdo cuando ya era adulta y por las noches tenía pesadillas,  me iba a hurtadillas al cuarto de mi mamá y me acurrucaba con ella. Instantáneamente el miedo se me pasaba y dormía plácidamente. Mi mamá era mi tranquilizante. Y creo que a todos nos pasa eso.

No importa cuán mayor seas, siempre vas a querer algo en tu mamá que quizá no encuentras en ningún lugar. Ya sea un cariño, un recuerdo, una comida, un gesto, algo siempre te llevará a necesitar a mamá. Esa conexión es poderosa e indestructible pues nosotros estamos nueve meses conectadas a ellas sintiendo desde lo más profundo de su ser.

A veces pensamos que al crecer ya no las necesitamos tanto. Ya somos grandes. Pero en mi experiencia y por lo que he podido notar, las necesitamos por siempre. Necesitamos de “eso” que solo una madre puede dar.

Algún día mi pequeño ya no me va a necesitar como ahora, crecerá y se irá. Es la ley de la vida. Pero confío que aún me busque para darle una palabra de aliento, para que le prepare su comida favorito o lo aconseje.


Una madre no deja de serlo así sus polluelos crezcan. Ni tampoco una deja de ser hija, así hayamos estirado nuestras alas para volar.


Fuente de foto: es.forwallpaper.com