Tomar decisiones nunca fue tan difícil hasta que…



Trabajo desde los 15 años, que fue el año en el que mis papas empezaron con una crisis económica que se expandería algunos años más. Recuerdo que cuando todas mis amigas pensaban en la fiesta de quince años que tendrían, yo pensaba en cuanto tendría que ganar para terminar de pagarme el colegio, luego la universidad, cubrir mis gastos y los de mi familia y aún en esa época las decisiones no eran tan difíciles como ahora, siempre supe cuál debía tomar, era fácil saber qué cosa era lo correcto.

No me quejo de nada de lo que me tocó vivir ni tampoco me cuestiono porque a mí, soy de las que creo que nada se mueve en nuestra vida sin la voluntad de Dios y aunque nosotros no sepamos qué es lo que va a pasar, Él sí. Y también creo que las experiencias que te tocan vivir son las que definen tu personalidad y tu fuerza y eso me hacía más fácil decidir.

Pero las cosas han cambiado desde que soy mamá, ¿les pasa lo mismo? Me cuesta tomar decisiones importantes, y creo que es porque el resultado de esas decisiones no sólo me afectará a mí, sino a también a mi hijo. Me cuestiono constantemente si será lo correcto. Si tendrá la edad suficiente para ir al nido o si será muy temprano. Si ya puedo volver a trabajar o si estará muy pequeño. Si ya puedo tener otro hijo o si será muy pronto. Si lo dejo jugar con la computadora o si no lo hago. Si le exijo para que coma o si dejo que coma lo que le gusta. Si esto o si aquello y podría seguir y seguir.

Sé que me exijo mucho en cuanto a mi hijo se refiere y eso dificulta que vea la mejor decisión, pero juro que se me hace muy complicado. Lo veo cuando se ríe y solo siento ganas de que esa sonrisa sea eterna, que nunca sufra, que nunca llore, que nunca tenga miedo… Lo veo cuando duerme y quiero prometerle que todo estará bien, que siempre estaré aquí y que siempre tomaré la mejor decisión para él, pero sé que no será así, que me voy a equivocar, que no siempre seré acertada y me da miedo y me siento insegura y culpable, ansiosa y vulnerable, me molesto conmigo misma, me reclamo mil cosas, analizo todo de nuevo y una vez más no puedo decidir.

Me voy, camino un rato, miro al cielo y luego entiendo, entiendo que la decisión que tome será la correcta siempre que la tome con el corazón (y aun así vuelvo a dudar una y otra vez) Nadie nos dijo que sería fácil, no nos culpemos tanto, no nos exijamos tanto, no nos juzguemos tanto y pidamos ayuda cuando una decisión sea muy difícil, no somos súper mamás aunque la sociedad quiera imponérnoslo y nosotros creérnoslo, sólo somos mamás comunes que buscan lo mejor para sus hijos, mujeres de carne y hueso que luchan cada día por sus hijos, su hogar, su matrimonio, su trabajo y por sí mismas. Buscar la perfección agota y además, nunca la encontraremos, así que mejor relajémonos y  limitémonos a escuchar al corazón, que casi siempre, tiene la razón.











Fuente imagen: blog.casapia.com